Las mujeres también son personas, parte 2.


Rodrigo Uprimny(izq) y José Galat

La autora original del título de esta entrada se llama Jessica Winter. El artículo, disponible aquí, y cuya lectura recomiendo ampliamente, hace un recuento de varios incidentes públicos recientes en Estados Unidos que evidencian el estado en que se encuentra el debate sobre los derechos y la naturaleza de la mujer en ese país. Winter, con un humor que encuentro entre envidiable, y sorprendente dada la seriedad del tema, muestra un panorama desolador. No parece estar muy claro que las mujeres sean personas.

En Colombia, ya sin humor y con esa aura de la infalibilidad intelectual de la academia, tenemos a Rodrigo Uprimny, el magistrado, defensor de minorías oprimidas como los homosexuales, los toros, y desde luego, las mujeres. Su postura: al parecer, en ciertas circunstancias especiales, las mujeres son personas. Quién no hace mucho era director de la iniciativa de Educación, Paz y Derechos humanos de la UNESCO, abogó recientemente en su columna de El Espectador porque la nueva terna para fiscal general de la nación estuviera compuesta sólo por mujeres, pues:

… la composición de género de la cúpula judicial no es muy equitativa. En la Corte Suprema sólo hay 4 mujeres entre los 23 magistrados que hoy la conforman, menos del 18%

Lo cual es una pena, a pesar de los avances en la ley de cuotas, dice él. Continua diciendo que “… en el consejo de estado la cosa es un poco mejor, pues hoy hay 9 magistradas entre sus 29 integrantes“, y luego pasa a renglón seguido a concluir con esta increíble joya del más rampante machismo:

En ese contexto, la llegada por primera vez de una mujer al cargo de fiscal general representó un avance significativo en equidad de género en la Rama Judicial. Además, este año fue suficiente para que Viviane Morales le demostrara al país, y en especial a todos los machistas escépticos, que una mujer, con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal.

Lo de Morales quizás haya podido convencer a un machista escéptico, como los llama Uprimny, pero no a uno soterrado, como lo parece él. El problema de fondo es que Uprimny parece más preocupado por que se cumpla una ley, que por demás es discriminatoria y ridícula, que por tratar con equidad y respeto genuino a las mujeres. Uprimny resulta sumándose al debate retórico de Winter sobre si las mujeres son personas o no, porque usa un lenguaje inherentemente condescendiente contra ellas: resulta entonces que “una mujer también puede ser fiscal“. Quién se lo iba a imaginar. Guao. Una mujer. Claro, no cualquier mujer. Dice Uprimny que “una mujer, con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal“. No sólo lo escribió en el Espectador, sino que ayer, en su jadeante intervención en la W radio, Uprimny vuelve a ratificar, después de hablar durante interminables minutos (les reto a oírlo completo aquí y aquí), que su preocupación es más legal que moral: que se cumpla la ley de cuotas, que haya un avance en la equidad de género. Dice que la doctora Morales “mostró que una mujer puede ser una muy buena fiscal”. ¿Acaso la naturaleza femenina plantea una desventaja a superar? A los hombres nunca se les ha pedido que demuestren su valía para ejercer cualquier oficio. Aceptar la lógica retorcida de este discurso degrada de plano la naturaleza femenina por debajo de la condición humana: las mujeres, a diferencia de los hombres tienen que demostrar su valor, con lo cual intrínsecamente se afirma que no lo tienen y que son ontológicamente, inferiores a los hombres. Si la fiscalía de Morales resulta reivindicando a las mujeres, qué dice entonces de los hombres la fiscalía de Luis Camilo Osorio: ¿Que los hombres pueden ser fiscales aunque presuntamente demuestren connivencia con el paramilitarismo? Y la de Valdivieso qué fue entonces: ¿una reivindicación de los enanos? Decir que la fiscalía de Morales dice algo de las mujeres en general es tan peyorativo como superficial. Y misógino.

Demostrar que el lenguaje de Uprimny desprecia de manera tácita a las mujeres, es muy sencillo. En la cita:

una [mujer], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal

Reemplácese la palabra entre corchetes cuadrados por otras de una lista, que incluye la palabra yegua. Si el enunciado resulta reivindicatorio para el agente involucrado, una yegua en este caso, es que estamos ante una especie inferior. La lista es esta: vaca, homosexual, gorila, mujer, hombre. Veamos algunos casos, y mis disculpas si no observé  la ley de cuotas en mi lista; es que, mi punto es de fondo:

“una [vaca], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal”. Reivindicatorio para las vacas: sí. Ergo, las vacas son una especie inferior.

un [homosexual], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser un excelente fiscal”. Reivindicatorio para los homosexuales: sí. Ergo, los homosexuales son una especie inferior.

una [mujer], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal”. Reivindicatorio para las mujeres: sí, de acuerdo a Rodrigo Uprimny. Ergo, las mujeres son una especie inferior.

un [hombre], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser un excelente fiscal”. Reivindicatorio para los hombres: no; al contrario, resulta un enunciado tautológico y sin valor. Ergo, las mujeres son una especie inferior.

Decir que un hombre con la formación profesional y el carácter adecuado podría ser un excelente fiscal es una obviedad; en cambio para Uprimny es un parte de victoria y un reivindicación de algo inferior: el homosexual, la vaca, la mujer. El talante comunicativo de Uprimny está lejos de ser un rareza. El mismo tipo de lenguaje condescendiente que ve los logros de las mujeres como evidencias de que las mujeres “si pueden” y “si son capaces”, y que les pone la carga de la prueba, dándoles ipso-facto un estatus de inferioridad, es frecuente en la W: “Si ven Alberto, Julio que las mujeres si podemos”, dicen las pobres, y ellos dicen “si si, claro, son muy lindas y muy capaces, y han demostrado que pueden hacer de todo” dice el godo, y luego Julio replica “Y Alberto, ¿vio a Bianca? No no no. Es que francamente Alberto, uno no es de palo, así sí es muy difícil trabajar. Es que el tema es el buzo” y el godo replica, “Pero si hace frío. El tema es más bien el collar”  Y luego vienen las risitas de todas (y todos, para ser incluyente): ya les han reconocido lo lindas y capaces que son, y ellas lo aceptan, accediendo al trato discriminatorio de sus patrones, que pasan a recordarles que sí, muy lindas y muy capaces, pero muñequitas al fin y al cabo.

Uprimny, podrá posar de contraparte liberal para José Galat, lo cual es difícilmente más pírrico; pero de ahí a que su lenguaje respete a las mujeres como pares hay un largo trecho. Su uso condescendiente y descuidado del lenguaje  resulta francamente lamentable, aunque me temo mucho que el profesor, perdón, el profesor no, el maestro Uprimny, pertenece a ese pequeño parnaso criollo de intelectuales intocables, con licencia para decir y hacer estupideces en público sin tener por mucho que responder, y sin mayores efectos que la decepción, con notables excepciones. Para ponerlo en la lógica de la autora original del título de esta entrada, Rodrigo Uprimny nos demuestra que claro que sí, las mujeres también son personas. Desde que estudien un jurgo y tengan buen carácter, bienvenidas a la especie humana.

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