No, no es maniqueísmo por una muerte pública


Un izquierdista defensor de la tauromaquia: la condición humana da para todo.

Alfredo Molano, a quien no conozco, es una de dos personas de las que me gustaría recibir clases de historia de Colombia, siendo el otro Antonio Caballero. A veces me aburre su prosa, que me parece lenta y cargada de detalles innecesarios. Me parece posudo y pretencioso y no soporto a sus áulicos, a quienes les encanta referirse a él como “El Maestro Alfredo Molano” (generalmente así le dicen los mamertos viejos) o como “Alfredo” (generalmente así le dicen los mamertos jóvenes) Todo y eso, lo busco para leerlo, porque me parece una persona comprometida con la defensa de los intereses públicos, y de los derechos de los oprimidos.

Hoy me quiero referir a él porque su última columna me parece una demostración de argumentación deshonesta y amañada, que es un riesgo del que nadie está exento, menos los que nos arriesgamos a escribir. Molano afirma que “En la polémica sobre los toros ha ido sacando la cabeza una dicotomía que parecía enterrada: civilización versus barbarie” para a continuación asociar los ataques a la tauromaquia con el bando de los civilizadores.

Aquí empieza lo deshonesto del argumento de Molano: empieza a asociarle a los “civilizadores” varias empresas ignominiosas cometidas por la derecha y el conservatismo en el mundo, es decir, por los defensores a ultranza de los poderosos: menciona en su columna  el colonialismo británico en áfrica, el estadounidense en Japón, y nada más y nada menos que la barbarie franquista en Guernica.

Entonces, esos mechudos advenedizos e infantiles, esos muchachos que están protestando contra la tauromaquia, las asociaciones defensoras de animales, otros vaciados y yo, esos somos los civilizadores. Como es bien sabido, nuestros métodos de civilizar son atroces: “la conquista y el arrasamiento”, dice Molano. Esos es porque a nosotros, dice Molano ridiculizándonos, los “fieles guerreros del progreso”, que no pecamos y somos impolutos, nos gusta la muerte, pero preferiblemente, a puerta cerrada. Si, a nosotros, sorpréndase usted, nos gustan las cositas de la civilización: la cámara de gas, la silla eléctrica, en fin, el top of mind de cuando uno oye la palabra “civilización”. En eso el “Maestro Alfredo Molano” es inmensamente deshonesto. El sabe bien quiénes somos los que nos oponemos a las corridas. Sabe bien que no somos los grupos de poder que han cometido abusos y crímenes contra la humanidad. Somos un grupo diverso de personas que creo, todas coincidimos en que, en la tauromaquia, el toro está en una situación de opresión inmoral y desproporcionada, y así aceptácemos que fuera arte, el sacrificio ritual del toro es cruel, y sobre todo innecesario, como lo comentaba en mi entrada anterior.

Cree Molano que la razón de nuestra oposición es que nos incomoda, a nosotros los poderosos, la muerte de ese animal porque es pública. Y no, no es por eso. Es simplemente, porque es innecesaria. La Tauromaquia sirve pare la entretención de  un grupo de gente tan poderoso, tan poderoso, que aunque contra la oposición de muchos, logra mantener esta costumbre bárbara. Tan poderoso, que logran que Molano les sirva de idiota útil.

Molano,  que ahora que se juega la carta del pobre viejito indefenso ante la falange civilizadora, y que siempre nada contra la corriente, no sé que tipo de contradictores tenga o hay escogido, que lo quieren llevar a la hoguera. Ciertamente yo no, ni muchos. Lo que yo quisiera es que la tauromaquia se prohibiera, para que los domingos Molano dejara de compartir fiesta con tanta gente que critica en la Santa María, y pusiera sus oficios a una causa más útil que su egoísta satisfacción. Bueno, y sobre todo, para que no se maten animales de forma cruel en público, o en privado,  por las razones que sea.

Ahora que por oponerme a la tauromaquia veo estoy en uno y el mismo bando que los franquistas y otros asesinos derechistas delirantes, le hallo sí, la razón en una cosa a “Alfredo”, cundo al inicio de su columa dice sobre la tauromaquia que “No pasa día en que no aparezca una columna a favor o en contra y cien reacciones, la mayoría de éstas sangrientas.”

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