¿Al fin y al cabo que son 22 muerticos señor presidente?


Hay que ver el ratón miserable que era alvaro uribe la primera vez que dio una entrevista por televisión en ese programa que había de “yo josé gabriel”, el narcomico que intentó pasar, las convivir y otra serie de anécdotas privadas y truculentas de su vida para no sorprenderse con su estatura moral. Bien decía Felipe Zuleta que para manejar el problema de esa criminalidad bárbara de la guerilla y el narcotráfico en colombia, nadie mejor que el sr. uribe, porque nadie cómo el para saber cómo es que piensa un criminal. En eso si, por la magnitud de su logros, pocos le ganan. Y eso es difícil aquí.

Pero entro en materia. Dice esta cosa que de las miles de denuncias por falsos positivos, tán sólo 22 han resultado ciertas.  Qué pena, no? Perdone en todo caso haberlo molestado. No más son 22. En serio que pena. ¿Cuándo le volvemos a decir, cuando sean por ahí que, la mitad? De pronto mejor no, porque en ese caso aún no se podría decir que son la mayoría. Esperemos hasta que sea por ahí la mitad más uno. O no, para no dejar dudas a nadie, ahí está: el 80%. Para que ahí si sea contundente la cosa y no me lo molesten a usted que tiene tantos problemas y trabaja tanto. Así las cosas, y cómo usted dice que las denuncias son miles y para ser estrictos con el idioma, supongo yo que hablamos de más de un mil. Al menos debemos estar hablando de dos miles. Entonces cuando vayamos en 1.600 asesinatos cometidos con saña y bajeza, además por la gente que debería protegerlo a uno, ahí si lo molestamos. Mientras tanto ¿qué pena no?

Además dijo que  “Nosotros somos los primeros en exigir que no haya ‘falsos positivos’, que haya total transparencia, pero tenemos que ser los primeros en denunciar que mucha gente, amparada en el tema de ‘falsos positivos’, lo que ha hecho es crecer falsas acusaciones, para tratar de paralizar la acción de la Fuerza Pública contra los terroristas“. De nuevo un recurso retórico estúpido, pero revelador sobre sus valores.  Se le olvida a uribe que no hablamos de la oscura y maloliente letrina de su ética personal, sino de la moral pública y de la labor de un líder como formador de ciudadanía y cultura política.  Su falta de respeto por aquellos asesinados por agentes del estado, y su desprecio por la vida se evidencian cuando usted como presidente ni siquiera se atreve a llamarlos, al menos, como asesinatos cometidos por miembros de las fuerzas públicas. Por si quedan dudas de su talante, sale a lloriquear en público, y otra vez a estigmatizar a cualquiera que denuncie las abominaciones producidas bajo su gobierno y por sus agentes.  La caterva tontarrona de sus seguidores encuentra entonces respaldo, desde la, ay que risa, la máxima dignidad del poder ejecutivo, para no sólo trivializar estos brutales asesinatos, sino para que cuando aparezcan mas asesinados por agentes del estado, la única pregunta digna que una persona podría hacerse (¿Cómo así, agentes del estado asesinando con saña ciudadanos y minténdole al país?), pasará a ser reemplazada por la macabra certeza de “ah, pero eso debe ser mentira porque uribe dijo que eso casi siempre es mentira”. Una gran enseñanza política y de cultura ciudadana. Sobre todo sabe para quiénes sr. uribe, para los niños. Salgareño descarado.

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