El mundo al revés.

El mundo al revés

Algunos casos para su consideración:

  1. Supongamos que unos campesinos cultivan papa en Boyacá y la venden en Corabastos Bogotá. Es bueno que el gobierno les de buenos precios a los insumos agrícolas que ellos usan para producir papa. Así pueden producir más papa. La oferta sube,  el precio al consumidor baja, las ganancias de los campesinos suben, todos ganamos. Colombia dicen, es el país con más variedad de papas en el universo conocido. Boyacá tiene unos paisajes divinos, que se verían muy mal llenos de campesinos “zarrapastrosos” como dice el ex-vicepresidente, candidato a la alcaldía de Cali, hincha del América (¿mirá, B?) y al parecer hoy indigente, Ángelino Garzón. Si todos tenemos acceso a nuestra gran variedad de papas a precios razonables, ¿Es bueno, no?. Si el gobierno permite que el mercado se inunde de papa importada y además da unos pésimos precios a los insumos agrícolas, eso sería malo. Ponerle aranceles a la papa importada protegería los ingresos de las familias colombianas que viven del cultivo de papa. Ponerle aranceles a esas importaciones es proteger la economía. Eso es bueno, porque hay unas familias de campesinos que antes tenían como vivir dignamente en los lindos paisajes de Boyacá. Familias como la suya, que quieren vivir y dejar vivir. Proteger la economía es bueno, en muchos casos, y en particular la producción de alimentos, que en Colombia podría ser monumental, por esa cosa que nos han repetido desde la infancia: lo de los pisos térmicos y los muchos climas, y todo eso. Pero en Colombia, ocurre todo lo contrario. El campo está quebrado. Los insumos agrícolas están por las nubes y estamos llenos de alimentos importados. Sucede que proteger a sus propios campesinos se llama “proteccionismo económico”, y por alguna retorcida razón, eso resulto siendo malo en Colombia. No es malo en Estados Unidos, cuyos campesinos están (sobre) protegidos, o en Francia, por ejemplo. Poner a competir un mercado de campesinos protegidos y subsidiados por su gobierno, contra uno de campesinos vandalizados por el suyo se ve injusto. Pero es lo que ocurre. Se llama “Tratado de libre Comercio” y a la gente le parece bueno y play, y el proteccionismo económico les parece mamerto y mal. ¿Proteger la economía? ¡Qué oso!. Hagamos lo contrario a proteger, no seamos frondios.
  2. Supongamos que aún con las grandes oportunidades de estudio, desarrollo, movilidad social, y todas esas cosas lindas de la patria, a usted le toca ganarse la vida cortando caña. Usted es un cortero. Bajo el ardiente sol de esas lindas tierras del Valle del Cauca usted tiene que andar entre los cañaverales voleando machete de sol a sol. ¿Aunque sea la EPS debería tener, cierto? Andar voleando machete todo el día ameritaría una administradora de riesgos laborales. No es ninguna extravagancia, creo yo. Usted decide reunirse entonces, con unos colegas trabajadores y agremiarse para proteger su derechos laborales. Lo cual es bueno, sobre todo si su patrón es el tipo de ser humano al que se le tienen que pedir esas cosas, dado que motu propio no las da. Los trabajadores se agremian entonces en un… un… SINDICATO. Sindicato es la palabra. Las asociaciones que forman los trabajadores para la protección de sus derechos se llaman sindicatos. Son buenos. Sirven para que no abusen de usted, explotándolo en trabajitos por contratos. Pero en Colombia, “sindicalista” es una ofensa. La gente de clase media en Colombia, la más explotada, enferma de arribismo, cree que las asociaciones para proteger sus derechos laborales son de mal gusto. Les parece subversivo.
  3. Cuando una gran empresa tiene exenciones tributarias, se estimula la creación de empleo. Los grandes empresarios, y sobre todo las grandes empresas multinacionales pudieran crear más empleos si tan sólo el estado no las regulara tanto y si no tuvieran que pagar tantos impuestos y bueno, ya está bien de mentiras. Las únicas empresas a las que les pesan las cargas tributarias son a las medianas y pequeñas; son esas las que necesitan exenciones, no las gigantescas, a las que ni les va ni les viene. Las exenciones tributarias a las grades empresas han creado una cantidad mínima de empleos en Colombia. No cobrarle impuestos a los grandes capitales sólo va en desmedro de las arcas del estado. Ninguna empresa va a salir corriendo de Colombia por las altas tasas de tributación o porque el estado haga exigencias de trabajo digno a sus empleados. Es que sucede que está bien que un estado le exija a las empresas que van a operar en su territorio que le den un trato y remuneración digna a sus nacionales. Dejar que hagan lo que quieran y además eximirlos de impuestos, está mal. y se llama aquí “confianza inversionista”, que no es más que un abuso de confianza. Pero no lo pagan los legisladores: ellos tan sólo permiten que las empresas abusen de los trabajadores, y luego pintan a la empresa como unos valientes, que creyeron en nuestra desdichada y pintoresca raza. Casos hay cientos. Drummond en Santa Marta, por ejemplo, ha hecho lo que se le da la gana. Y lo seguirá haciendo y pagando multas “millonarias”, que ellos pagarán muertos de la risa, haciendo drama antes, desde luego.  A los Colombianos parece olvidárseles que en realidad a sus billetes les sobran tres ceros. O Los tales “sweatshops” de las grandes marcas de ropa, de esas que cada cierto oímos que colapsaron o se incendiaron matando decenas de trabajadores.  No quedan en Filipinas, Vietnam o Birmania por casualidad. No son en Holanda o en Alemania. Hay estados que permiten que se abuse de sus nacionales, y hay estados que no. O mejor dicho: Hay estados que son de sus ciudadanos, y hay otros que son de una pequeña plutocracia que controla todo, engaña y vandaliza,y actúa en contra de sus ciudadanos. Son estados fáciles de reconocer. Cuando hay manifestaciones contra los abusos de trasnacionales, sea Rubiales, o Chiquita, el ejército va a proteger a los abusadores y a reprimir a los abusados. En eso tenemos tradición histórica. En la matanza de las bananeras en 1928 los que cayeron por las balas del estado no fueron los opresores, si no los oprimidos. Cuando hay manifestaciones porque el polvillo de carbón está matando a la gente, el estado defiende a los que envenenan a la gente, en vez de aprehenderlos.
  4. La empresa privada es garantía de eficiencia y transparencia. Las entidades del estado son “paquidérmicas”, ineficientes y corruptas. El tamaño del estado deben entonces, mantenerse al mínimo. Los que saben de los negocios son los particulares. Sí, sí , sí, claro. Por ejemplo ISAGEN, las Empresas Públicas de Medellín, o la Empresa de Energía de Bogotá. Son todas empresas exitosas y estatales. En Colombia en el último año se han denunciado por el contrario, varios carteles de empresas que van desde productos básicos como el papel higiénico (los santurrones de la marca “familia”), pañales, cemento, insumos agrícolas, arroz, que se han confabulado para obrar en contra de los consumidores, fijando precios artificialmente altos a sus productos. Las empresas estatales pueden ser muy eficientes, con una gran ventaja. Cuando hay ganancias, estas no representan más efectivo para los socios principales. Representan reinversión en la prestación de un servicio social. Por el contrario, las grandes trasnacionales responden a sus accionistas. Y en aras de maximizar sus ganancias y de la eficiencia, han cometido grandes infamias en muchos lugares. En Colombia por ejemplo, han financiado grupos paramilitares, contaminado ríos, han reducido a la indigencia comunidades enteras. Aún así, la gente cree que el estado se debe reducir. Olvidan que el estado es lo que defiende a los ciudadanos de los departamentos de “servicio al cliente” de las empresas, que se sabe, sirven a la empresa y su imperativo categórico de hacer plata y más plata a como dé lugar. Las únicas empresas que por naturaleza deben servir al público son las públicas.

Con razón hay colombianos que le dicen castrochavista a Juan Manuel Santos.

Para la cariñosa de RCN, las mujeres son pedazos de carne sin nombre.

Una foto de una mujer, de acuerdo a La Cariñosa de RCN

Creé una cuenta en twitter (@MetaOpinion, muy invitados están a seguirla) para seguir con más dedicación hechos relacionados con los medios de comunicación en Colombia. Me topé con la cuenta de la emisora La Cariñosa, de RCN (@AlertaBogota), en cuya página web hay un vínculo a una sección en la que se promociona la “Hembrita del día” y un catálogo de “Hembritas“. El catálogo de “hembritas” es una muestra de cosificación insuperable: las vistas previas son todas tetas o culos, mujeres sin caras, partes de cuerpos. Simples pedazos de carne anónimos. No hay nombre, no hay historia, no hay créditos. Ni siquiera un alias. No importa quienes son, si tienen nombre o carrera o nada. Da igual si es Larissa Riquelme o nadie, todas están igualmente cosificadas.

No voy a entrar a opinar sobre la calidad o el tono de las fotos. La Cariñosa es una emisora autodefinida como popular. Me imagino que eso les da licencia a los responsables de la página para configurar su sección de hembritas como la colección porno softcore de un preadolescente. Institucionalmente de un pésimo mensaje. De poco y nada le sirve a RCN contar con el concurso de la sexóloga Lucía Nader entre sus colaboradores si al tiempo que ella intenta -supongo- hacer algo de educación sexual, corporativamente la organización Ardila Lule considera que una estrategia válida de atracción de tráfico a sus páginas es la exposición de las mujeres objetificadas hasta el extremo de la negación de su identidad.

¿Estaría mejor si dijeran los nombres y dieran créditos por las fotos? ¿O si las fotos fueran más “artísticas”? No sé. Claramente el erotismo no se escapa de las distinciones de clase. Mientras que las mujeres en La Cariñosa son cosificadas como hembritas sin nombre y enmarcadas en una estética traqueta y popular, en SoHo los objetos sexuales tienen nombres, a veces grandes apellidos, fotos en blanco y negro e historias monótonas y repetitivas: que estudia derecho, que le gustan los animales, que su fantasía es hacerlo en un playa y que declina comentar sobre el sexo anal. Pero igual, hay concurso ganadero. Al parecer hay un círculo social en Colombia en el que mostrar las tetas en Soho haciendo pucheros en un escenario inverosímil es no sólo una señal de estatus sino un logro profesional. Es el mismo tipo de cosificación de La Cariñosa, pero para otra clase social. Para el tipo de audiencia para la que es válido titular “Veinte millones para quien tire al agua asesino de estudiante” es válido mostrar mujeres como pedazos de carne anónimos: es una revista popular. La gente del pueblo no dice “delatar” o “denunciar”, dice “tirar al agua”, no trata con viejas como en SoHo sino con hembritas; así son los jocosos salvajes de estratos bajos que La Cariñosa ha definido y construido como su audiencia.

RCN haría bien en dejar de decir que le preocupa la educación sexual de su audiencia o la violencia contra las mujeres. Es sencillamente absurdo que reseñen las preocupantes cifras de violencia contra la mujer y que citen a Nigeria Rentería diciendo que “Todavía tenemos arraigados estereotipos que no son muy claros, que no favorecen a la mujer y que generan mayor inequidad” cuando en su emisora popular, en la que usan el lenguaje de segunda que creen es adecuado para dirigirse a su audiencia, precisamente alimentan esos estereotipos y socavan cualquier campaña de sensibilización sobre asuntos de género. Resulta irónico que la misma organización la lidera compromiso social RCN y que  apoya el premio Mujer CAFAM, tolere una página como la de las tales hembritas de La cariñosa. Es lo que llaman segmentación de mercado: A RCN le parece que hay una segmento de la audiencia en el cual está bien vender basura y usar un lenguaje chabacano y ordinario y promover la cosificación de la mujer, mientras que hay otro segmento para poner actitud solemne, cara seria y dar medallas a las “mujeres BIT”. No es responsabilidad social sino estrategia de mercado inescrupulosa lo que tiene una empresa que se presta a llenar de basura sexista a un segmento de su mercado y a posar de benefactora  y responsable con otro. Esa es nuestra tele y nuestra radio. RCN, día a día aportando a la mala educación de su audiencia.

Lo que dice el incidente de Cuero sobre el periodismo en Colombia

Raul Cuero siendo galardonado

Muchos factores se conjugan en la fascinación que ha producido el asunto de Cuero en la prensa. Por disciplina con el espíritu de este blog me voy a referir a lo que tiene que ver con el cubrimiento en prensa que se le hado al fenómeno, lo cual me lleva por necesidad a referirme al fenómeno. El fenómeno es el que describe el doctor Rodrigo Bernal en El Espectador: las discrepancias entre lo que Raúl Cuero dice, o ha permitido por acción u omisión se diga de él, y lo que en realidad ha hecho. Dice Cuero que tiene 90 publicaciones por ejemplo. Cualquier persona familiarizada con la literatura científica que revise  la lista que el doctor Cuero provee en la página web de su organización, el parque internacional de la creatividad (ver comunicado de prensa aquí) puede ver que simplemente, no son 90 artículos, y más bien están bastante lejos de 90. También, cualquier persona no digamos científica sino simplemente educada como buena espectadora de trabajos científicos sabe que es grave decir que uno tiene X artículos científicos cuando en efecto tiene menos. Las personas que saben de ciencia saben que tener una conferencia o un poster en un congreso en la hoja de vida no es lo mismo que un artículo publicado en una revista arbitrada, y que la diferencia no es ni mucho menos, un detalle menor.  Es algo muy serio.

El cubrimiento en prensa del fenómeno ha tenido varios episodios. El primero al que me referiré es el episodio detonante, la entrevista que le hizo Maria Isabel Rueda en el Tiempo el 20 de Octubre. En la entrevista, Rueda hace una alarde de un tipo de ignorancia especial: la ignorancia de que es ignorante. Rueda simplemente no sabe de qué temas puede hablar con Cuero. Yo no he podido sinceramente saber bien qué es lo que Cuero hace, pero por lo que he visto, hay varios temas de los que yo sé que él no sabe. Uno de esos temas es la creatividad humana. Cuero se considera un inventor y un creativo, a lo cual tiene derecho, con independencia de que su autopercepción tenga bases objetivas, o no. Cualquiera sea el caso, eso no le da derecho a escribir con autoridad académica sobre creatividad. La literatura científica sobre la creatividad es un campo del conocimiento científico en sí mismo. Cuero si mucho, es un caso, que puede ser o no ser interesante, y en el tema podrá aportar sus experiencias personales. Pero haberse inventado cosas y ser creativo no lo vuelve autoridad en el tema, y muchísimo menos en un país serio alguien basaría la política pública dirigida a canalizar los esfuerzos creativos de los Colombianos de acuerdo a las opiniones de Cuero. Haría muy mal Cuero prestándose a tal cosa, creo yo. Pero estamos en Colombia, ergo todo lo que no debería pasar ya pasó, y hace rato: en Manizales le dieron ciento cincuenta millones de pesos en el 2010:

“la Secretaría de Competitividad y Fomento Empresarial de Manizales firmó con International Park of Creativity un contrato por $150 millones. Según el documento de 11 páginas, el convenio tuvo como propósito “Orientar a los jóvenes de Manizales en la formulación y desarrollo de proyectos que fueran aprobados por el científico Raúl Cuero en materia de investigación científica y con la inversión o descubrimiento, según los criterios de la organización Parque de la Creatividad Colombia”.

Cuero no sabe de crianza o cómo impulsar la creatividad en general. Ni desde el punto de vista pedagógico ni desde el de las políticas públicas. Tal es la ignorancia de los periodistas sobre estos temas que aceptan cualquier estupidez como respuesta. Me corrijo, no son todos los periodistas, es Rueda en particular. Le pregunta Rueda a Cuero que cuales son los “requisitos” de la creatividad y Cuero sin ningún asomo de modestia empieza respondiendo que el medio, el ambiente y el entorno. Qué diferencia importante hay en el significado de estos trés términos, me pregunto yo. Lejos de ameritar una contra pregunta por parte de Rueda, este publireportaje sigue:

“La observación de esos animales me dio la entrada a todo ese ambiente complicado que manejo hoy. Para Da Vinci fueron las soluciones químicas y la observación de la campiña. Para Galileo, el análisis de la Luna. El problema de los niños y jóvenes de hoy es que no tienen un medio. Mi filosofía acerca de la creatividad es que nace de la observación de la naturaleza, y cuanto más temprano sea ese acercamiento, mejor”

Lo cual es una referencia penosa e inexacta de Da Vinci y Galileo, y muestra la liga en la cual cree Cuero que está. Cuero cree que la siguiente analogía es válida: La observación en “la campiña” es a Da Vinci como la observación de los animales es a Cuero.  Rueda desde luego, es una completa ignorante de estos temas, y en todos los de la entrevista. No sabe desde luego qué es la ciencia, y no repara en afirmaciones preocupantes de Cuero que son evidentes a lo largo de toda la entrevista: la explotación velada de su pobreza, de Buenaventura, del analfabetismo de sus padres, en fin. No, a Rueda le parece que a un hombre como Cuero es lícito preguntarle “¿aspira algún día a ganarse un Premio Nobel con sus inventos?” Hágame el favor. Rueda cree que el Nóbel se da por inventos.  Si mañana le dan un Nóbel póstumo a Steve Jobs por inventarse el Iphone ella dice que sí, que claro, que muy merecido. Rueda parece creer que los Nóbel son como los Oscar, pero de gente aburrida. Ella cree que Cuero está en la liga de los que se ganan el Nóbel.

Luego del episodio inicial corrió mucha agua bajo el puente. Cosas penosas como que Óscar Gamboa Zúñiga, paisano de Cuero y director del Programa Presidencial para el Desarrollo Integral de la Población Afrocolombiana, Negra, Palenquera y Raizal emitió un comunicado en el que “rechaza tajantemente la actitud poco patriótica y poco profesional del Dr. Bernal y lo invito más bien a que hagamos sinergia colombiana por el conocimiento, la investigación y la construcción de desarrollo, en lugar de fomentar la cizaña, las desinformaciones y las envidias“. Poco patriótico entonces, criticar a Cuero. Ocurrió también que el Espectador siguió apoyando la causa contra Cuero, lo cual me parece es loable, y vienen dos perlas de cierre.

La primera es el debate Bernal-Cuero en la W. Casi todos los periodistas evidencian una gran ignorancia de los temas discutidos, cosa que es entendible dado que es ciencia especializada. Sin embargo uno, el traductor, hace una reflexión interesante sobre el papel de los medios. Es lo único bueno del lado de los entrevistadores. Pero la actitud de la dupla Alberto Casas/Julio Sánchez es sencillamente irrespetuosa. En el minuto 9:03 de la entrevista uno de ellos dos se ríe de las descalificaciones que Cuero está haciendo de Bernal, por el hecho de ser un “botánico retirado”, cosa que no tiene relevancia alguna en el tema. A ellos les parece chistoso. Es una pelea de gente extraña discutiendo sobre cosas incomprensibles y absurdas. No es importante el asunto de la presentación fraudulenta de los logros de Cuero, eso pasa a segundo plano. Luego caen los dos, sobre todo Casas, que se le ha metido en la cabeza que es una especie de árbitro moral en esa emisora, en el embrujo de Cuero. Cuero hace una presentación sumamente deshonesta de sus argumentos en la gran mayoría de sus respuestas. Su estrategia fue usar lenguaje técnico irrelevante al caso, en su pésimo español para confundir a los entrevistadores, atacar a Bernal, y nunca dar una respuesta clara. Y los entrevistadores son tan ignorantes que cayeron.  El tema les importó tan poco que pasaron por encima decenas de señales de alarma sobre Cuero: habla de sí mismo en tercera persona, se impone a gritos, usa términos como “prejuicial”, “patentación”, “chismes de brujas”, dice que “la imagen que Cuero le da a Colombia es grande”, que “Cuero es keynote speaker”, que “yo estoy hablando es de moléculas aquí” que, “¿cómo se dice predicament?” que “lo que uno publica es un paradigma”, que, otra vez hablando de su grupo de pares en referencia a sus bajos números de publicación “Newton no publicó en revistas, Darwin tampoco”, que “el siglo XIX fue el más radiante del mundo” y que “El iphone es una consecuencia de la invención de la electricidad” y en fin, agarré estas entre tantas perlas que dicen a gritos que ese señor estaba siendo un argumentador deshonesto y mañoso que merecía preguntas cuidadosas y mejor manejo del micrófono que simplemente dejarlo exhibirse y trenzarse en una discusión pública con Bernal, a qui,en cuero además, critica por Botánico y Retirado.

Tal grado de ignorancia no podía venir desde luego, sin un grado de atrevimiento por parte de Casas, que cierra la entrevista a lo Cuero – Rueda: a los gritos e ignorante de su ignorancia. A micrófono Casas calla a Bernal, le dice que su ataque fue “un poco fuerte” y que lo que hay ahí es una “diferencia de opiniones”. Bernal, decente me parece, asiente, no habiendo debido. Pero nadie calla al doctor don Alberto Casas. Aún.

Y la última es la defensa de Rueda de su entrevistado, que empieza desde luego culpando al mensajero. Aquí el malo es El Espectador, ni siquiera Bernal. Abre Rueda diciendo que:

“En lugar de titular con la caída del fuero militar, el diario El Espectador optó ese día por darle su portada a un hombre afrocolombiano. ¿Se trataba de un peligroso paramilitar? ¿Del jefe del anillo de seguridad de alias ‘Timochenko’? Eso pensé, prejuiciada. Porque, al contrario de Piedad Córdoba, pocos afrodescendientes han obtenido por méritos no penales carátula de El Espectador”

Como hace uno para ser más racista y taimado en un sólo párrafo, no sé, es difícil. No sólo rueda dice que El Espectador es racista y sesgado hacia Piedad Córdoba, sino que además que aquí no ha pasado nada grave, que no molesten. El resto de la columna es la miseria moral e intelectual típica de Rueda. Ataca a Bernal, de quien menciona taimadamente su agronomía como si hubiera un problema con ser agrónomo. Pero así es la gente como ella. Cree que precisamente en este país, que podría ser autosuficiente alimentariamente, la agronomía es una condición social inferior. Y luego ofrece la única explicación a su alcance: Que Bernal critica a Cuero por negro, por pobre o por exitoso. Asume entonces la misma estrategia de defensa de Cuero: aprovecharse de su raza y origen para ponerse más allá de las pesquisas, más aún de las de un “agrónomo” como Bernal.

Lo que dice el incidente de Cuero sobre el periodismo en Colombia es que en temas científicos es sencillamente, inexistente. La gran mayoría de periodistas involucrados en el cubrimiento de esta noticia evidenciaron ausencia profunda de sentido crítico por un lado, y por otro de las más mínimas herramientas para discernir la calidad de afirmaciones científicas imprecisas y confusas, como casi todo lo que dijo Cuero. A Casas y Rueda les falta no sólo eso, sino respeto por sus entrevistados, lectores y los temas que están en juego. Afortunadamente la audiencia culta de medios en estos temas crece, e incluso en Colombia hay una periodista científica. Se llama Lisbeth Fog. Gracias a El Espectador porque un debate de este nivel desde luego, hubiera sido absolutamente imposible en otro medio de su tamaño y relevancia, y porque bueno, ahora tenemos herramientas para hacernos una opinión de la magnitud de los logros de este nuevo miembro del parnaso científico nacional.

NOTA: Esta entrada ha sido editada para retirar juicios sobre el Dr. Cuero que no estoy llamado a hacer.

Terrorismo el suyo

Hernán González Rodriguez

El hombre es su obra. Hace tiempo leo con atención a este señor, que no sé quien es y no conozco, y sólo puedo juzgar por lo que escribe, y desde luego, en dónde escribe. Columnista semanal de El Espectador, y colaborador también frecuente de El Colombiano y La República, ruta que lleva sin sorpresa que el señor González es frecuente colaborador para el centro de pensamiento Primero Colombia. Sus columnas, desde luego me refiero a las de El Espectador, me han llamado la atención por serias y fundamentadas. Me tomó tiempo darme cuenta de su derechismo, cosa que debo agradecerle al gobierno de Santos, desde luego, como resultado no intencional. Este gobierno ha servido para sacarle los verdaderos colores a todo el mundo y pude ver entonces con claridad en dónde está González en el espectro político. Me parecía serio y bien documentado, y ocasionalmente aún lo es, mucho menos los primero que lo segundo. A veces, como en su última columna, “Contraterrorismo“, se pregunta uno cuáles son las razones de este señor para escribir algo así.

Una cosa en la que nunca decepciona González en su sapiencia. El tipo siempre bota uno o varios datos sorprendentes. En este caso, inicia diciendo que:

“El exvicepresidente técnico de Microsoft, señor Nathan Myhrvold, director de programas famosos como Windows, Word y dueño de uno de los mayores números de patentes del mundo, acaba de publicar un documento de 33 páginas sobre el contraterrorismo que les tiene los pelos parados a las autoridades estadounidenses”

No tenía yo ni idea de la existencia del señor Myhrvold, ni que fuera dueño de uno de los mayores números de patentes del mundo, cosa que ahora dudo, y bueno, ni que fuera el “director” de Word. El señor Myhrvold ha escrito un reporte en el que afirma que el bioterrorismo y el terrorismo con armas químicas son las mayores amenazas a la seguridad de los Estados Unidos en los años por venir. No sé si eso sea verdad o no, no tengo ni idea. Veo en esta columna dos problemas. El menor es que me parece problemática  la invocación de argumentos de autoridad como antesala (decir que el autor del mencionado reporte es un genio), y el segundo es que no encuentro la relevancia de difundir una noticia así en nuestro medio. ¿Terrorismo biológico o químico en Colombia?.

El primer problema es un tanto inevitable y quizás sea un poco injusto criticar al autor por esto. De una forma u otra los argumentos de autoridad siempre están involucrados en las discusiones políticas. Cuando forzosamente tengo que usar este tipo de argumentos, tengo preferencia por argumentos de autoridad validados empíricamente, por comunidades de expertos, más que por argumentos de autoridad personalizados: “Es que Bill gates dijo esto…”, “Es que fulanito dijo esto otro…” porque le dan a Bill Gates o a Fulanito aires papales, aires de infalibilidad o de autoridad incuestionable, lo cual encuentro yo en la gran mayoría de casos, extremadamente pernicioso y dañino para cualquier discusión honesta. Es como si uno dijera que como Silvestre Dangond tiene éxito, sus acciones son testimonio de que es virtuoso, cuando en realidad su éxito es un síntoma de la degradación moral, cultural y musical en general del caribe Colombiano y del vallenato en particular. Pero me desvío.  El señor Myhrvold parece ser de la mentalidad de advertir los peligros que se ciernen sobre la benemérita América, y hace bien supongo, aunque podría preocuparse también porque el gobierno de su país dejara de ser tan genocida y entrometido. Me desvío nuevamente: Invocar al señor Myhrvold y su currículum com genio sólo sirve para legitimar la validez de sus tesis.

¿Qué relevancia podría tener esto en el contexto Colombiano? Baja y nula. Las variedades de terrorismo en Colombia son diferentes. ¿Debe Colombia prepararse para el terrorismo químico o biológico? No creo. La relevancia de la columna de González entonces es la de enterarnos de algo que pasa afuera, en el país del cual somos territorio de influencia. Influencia tal que por ejemplo, no reconocemos la existencia del estado Palestino, o legalizamos la droga, en fin, me distraigo nuevamente. La columna de González sirve para mostrarnos las renovadas formas de ejercer violencia y maldad de los enemigos del gobierno de los Estados Unidos. En vez de estar mirando los aviones, hay que mirar otras cosas. Luce sensato, teniendo el gobierno Americano tantos enemigos en tantos lugares.

Resulta entonces que un ataque biológico o químico está en el horizonte. Y cuando ocurra un ataque de estos, que “aniquile entre cien mil y un millón de estadounidenses” ahí si nos tomaremos en serio esta amenaza, dice Myhrvold y repite González. Ojalá que no. La difusión temprana de una amenaza de este tipo me parece curiosa. No parece prevención, máxime teniendo en cuenta que los mayores tenedores de armas químicas en el mundo son precisamente gobiernos, y no organizaciones terroristas. En el contexto Colombiano, en dónde las implicaciones del terrorismo transnacional con armas químicas y biológicas verán su influencia limitada a, felizmente, las secciones de noticias internacionales de los medios, la publicidad de esta nueva amenaza es la creación de un nuevo demonio, de una nueva fuente de miedo lejana y distante. Como tema de elección para escribir, me parece una elección deliberada de creación de pánico, máxime en un comentarista que sobre todo sabe de temas económicos. No me parece previsivo ni visionario. Me parece pieza más para contribuir a la retórica de la lucha contra el terror.  A esa práctica de difundir el terror, ¿No se le dice terrorismo?

Un columnista en declive

Felipe Zuleta

Todo el mundo tiene derecho a decir estupideces. Me incluyo. Y no es difícil encontrarlas en la prensa Colombiana. Pero es raro vérselas a alguien que creo que antes escribía bien, como Felipe Zuleta. Pero quizás la memoria me traiciona. Me acuerdo del segundo periodo de Uribe, cuando esperaba con emoción dos columnas en el Espectador. La de Zuleta y la de Bejarano. Son dos columnistas muy distintos. Zuleta es más de injurias, Bejarano es mucho más serio y fundamentado. Bejarano es un abogado de oficio y se le nota. Zuleta no sé qué es. Lo que le he visto últimamente es ser temerario y bocón.

Zuleta me empezó a decepcionar con su serie de Columnas sobre Petro. Temerarias, ciertamente: ¿Favoreció el alcalde Petro a los Nule? ¿Tenía negocios con ellos y por eso se abstuvo de dar testimonio en su contra? Al sol de hoy parece que no. Y lo cierto es que el vínculo se veía a todas luces absurdo. Pero no para Zuleta. La primera columna fue el 3 de julio de 2012. En ese entonces ya Zuleta había declarado a Petro culpable y cerraba la columna insinuando un cartel Petro-Nule e instaba a que “la Fiscalía y la Procuraduría deben de oficio investigar estas relaciones entre Petro y sus cómplices“. Primera columna y ya iban de cómplices. Eso es ser temario y bocón. Y Zuleta seguía encarnizado, como raramente lo hace, claro, a no ser que fuera con Uribe. A la siguiente semana en su columna del 10 de julio finalizaba afirmando que “El alcalde Petro embaucó a Zamora, al país y a sus electores. Y sigue más…“. Y en efecto, seguía más. Soltó a Petro dos semanitas (una de las cuales aprovechó para inculpar a Sigifredo López de ser asesino y secuestrador), para a la tercera (Julio 1) dedicar su columna a declarar culpable a su investigado y a tratar de amendrentarlo, viéndose ignorado, y finalizar en julio 22 con una columna de un titular ya desesperado y desesperante (“Alcalde, responda“), donde ya el alcalde es un pillo. Julio 22 de 2012. Ha pasado más de un año y nada que Petro va a la cárcel por su pillaje. ¿En que paró toda esta retahila rabiosa? En nada. Revisen todas las columnas de Zuleta y pueden ver como el tal Petro-escándolo quedó en nada. Jamás lo volvió a mencionar. El alcalde de Bogotá no volvió a aparecer por meses en las columnas de Zuleta.

Está también el penoso caso de Sigifredo López, que Zuleta resolvió declarar culpable en hora 20, otra afirmación temeraria que reafirmó en esta columna que es una pieza de colección para el que quiera aprender sobre lógica de la argumentación. Desde luego la columna ilustra su total ausencia. Zuleta empieza débil, reculando, sabiendo que estaba siendo otra vez, temerario y bocón: “aun cuando es claro que, de resultar absuelto por la justicia, inmediatamente procederé a ofrecerle disculpas públicas como corresponde“. Le voy a ofrecer disculpas claro, pero primero voy a decir porqué y creo que es un secuestrador, asesino y embaucador. Por ejemplo, por esta contundente razón:

“Dicen los testimonios que López visitaba a su madre en Pradera, Valle, en horas de la noche. No creo en esto, pero de ser así, eso explicaría las razones por las cuales esta señora no fue vista en los medios de comunicación pidiendo la liberación de su hijo, como lo hicieron con valentía y amor las esposas, hijos y padres de los otros 10 diputados salvajemente asesinados por las ratas de las Farc.”

Esta señora entonces, que se deduce de la sinuosa redacción de Zuleta, no pertenecía al grupo de familiares valientes y amorosos de los otros secuestrados, no apareció en los medios porque su hijo, el criminal, la visitaba por las noches. Otra vez Zuleta descubriendo una maléfica manguala. En esta ocasión se componía de una viejita de 74 años y una Autosecuestrado. Tuvo que escribirle la señora una carta para que reaccionara. Le tocó disculparse, pero le faltó nobleza: que engañaron hasta a la fiscalía, que a muchos periodistas también, y que no tenía nada personal contra su hijo. Pues qué tal que sí.

Daba muestras Zuleta de una preocupante falta de juicio cuando llamó al Procurador un hombre “recto y valeroso”, y aún faltaba sumarle el portentoso despliegue de vanidad y lagartería de su columna “Mike y Fátima“:

Mike, como cariñosa y atrevidamente le decimos al embajador aquellos a quienes él y Fátima nos abrieron las puertas de su casa y de su corazón, supo meterse rápidamente en los asuntos del país, pero nunca con ánimo inquisidor o del control imperial. Y eso explica que se haya preocupado por temas sociales, por la paz, por el bienestar de los colombianos.

¿Nunca con ánimo inquisidor ni de control imperial? ¿Cómo hace si es el embajador de los Estados Unidos? Celebro el talante humanitario del exembajador y su esposa, siempre presente en cuanta página social estuvo disponible a registrar su graciosa presencia. Pero de afirmar que eran personas prudentes y de buenas maneras a decir que no tenían ánimos imperiales, hay mucho trecho. Pero más que eso, no hay ninguna necesidad para hacer una afirmación tan rimbombante y discutible. O bueno si, la de adular. En privado, era agradecimiento sentido. En público, es adulación, sapería y vanidad.

Vanidad porque a los que nos atrevamos a decirle lagarto nos advierte Zuleta que él es de mejor familia: es Canadiense y no necesita visa, y que somos unos resentidos. Y ahí está otra característica detestable de Zuleta: el uso inadecuado de su columna en resolver rencillas personales y chismes. O cuál es el calibre de esto.

Taca burro Zuleta muy frecuentemente. No es un periodista investigativo serio y todos estos episodios le restan mucha credibilidad. O escuchen este desafortunado segmento de blu radio: una periodista renunciado al aire por la patanería de Zuleta. Me da pena decirlo, pero yo le di mi voto cuando se lanzó al senado, nada más y nada menos con el número dos en el tarjetón liberal. Otro voto del que me tengo que arrepentir, y bueno, un columnista que aunque abanderado de causas importantísimas como las madres de Soacha, ha demostrado ser un poco más inconsistente y ligero de lo que sus habituales lectores hubiésemos querido, y de lo que sería bueno para gozar de un periodismo más profesional en Colombia. Yo confieso que últimamente estoy optando por ignorarlo, en prensa y radio.

Aquí chi, aquí no

¡Chin, chan, chun! El chupeleloe de la justicia

Representante Cepeda y amigos del diario El Espectador. Les tengo simpatía. El representante Cepeda produce noticias muy importantes y muy serias. Sin embargo, encuentro esta foto desconcertante e infantil.  ¿Qué diablos es esa pose? ¿Es esto acaso una conspiración de elespectador.com para que dejemos de tomar en serio al representante, trivializando su imagen? ¿Pretende el representante ser asociado con una vaina mañé, como Dragon Ball Z? ¿Hay algún/a periodista de El Espectador que quiere posicionar a Cepeda como símbolo sexual? Si es esta la intención, ¿no debería el representante Cepeda dejar de hacerse sus propias camisas, usar corbata como los adultos, y sobre todo, dejarse crecer la barba bien, pero sólo cuando esta le salga completa? ¿Encuentra esa persona sexi la llamada “Barba china” (esa que crece “aquí chi y aqui no”)?

Me gusta El Espectador. Pero me parece que se  equivoca cuando intenta engrandecer a Cepeda, fotográficamente y noticiosamente. Y no lo digo porque crea que el representante Cepeda tenga una importancia que no tiene. Al contrario, me parece un político decente, que da los debates y tiene las posturas de un legítimo liberal, aunque de partido no lo sea.

Pero tiene una camarilla en el espectador que esta poniéndose bastante fastidiosa. Para comprobar mi teoría, busqué el nombre del representante en la casilla de búsqueda de elespectador.com. Aquí hay una muestra de lo que me encontré:

  1. Gigante

    La foto de esta noticia podría haber sido de frente, pero la novia* de Cepeda en el espectador se la quiso tomar en un plano que lo agranda. De abajo para arriba, para que se vea muy grande. El mismo efecto logran las estatuas en pedestales de hombres bajitos como Simón Bolivar o Kim Jong il o Kim Jong Un, que miden 1.60. Cepeda no necesita esto. Nótese además como la foto tiene el efecto, supongo no intencional, de resaltar en la mejilla derecha la mencionada condición de la barba china.

  2. Esta otra noticia contiene la susodicha foto haciendo algo incomprensible con la mano. Reto al que sea a que encuentre una foto de otro político colombiano poniendo la mano en primer plano como un superhéroe de manga. No hay. ¿Una foto de alguien serio como Jorge Robledo haciendo esas pendejadas? No hay.
  3. Esta otra noticia, por demás importante (Dice Cepeda que estamos volviendo en la costa a la época de las Convivir), está ambientada con una versión modificada de la susodicha foto que preside esta nota, pero en una versión mañeificada o garrificada (v. tr, que lo vuelve “garra” o “mañé”), La oscuridad más el filtro color “canelazo” le da en esta foto al representante un aire de misterio, que evoca varias preguntas. ¿De qué se rie? ¿Le iba a poner la mano a la cámara? ¿Porqué en esta foto sale con todos los deditos estirados, y no con el índice estirado, y los otros doblados? ¿Está en la agenda oculta del representante Cepeda inducir a la gente de manera subliminal a la práctica del Tai-chi? ¿De qué se rie? ¿Cómo fue este fotoestudio? Yo creo que fue así:

– A ver espere, bajemos la luz un poco

– ¿Así?

– Sí , sí, así. A ver ahora, estire el brazo así como en la otra foto

– ¿Así?

– No pero espere, súbalo más

– ¿Así? Pero es que uno nunca sube un brazo a 90 grados en una foto, ¿no?

– Tranquilo no importa. Casi que le tape la cara. Eso, como si me fuera a quitar la cámara. Estire bien el brazo

– ¿Ya?

– Pero espere, espere, estire bien los dedos

– ¿Pero luego no era como la otra foto?

– Sí , sí, pero no, estire bien los dedos, es que si no me quedan iguales y una es para los días pares y otra para los impares

– Ah ya.

– Y ponga así una risita picarona otra vez. Y súbase las gafas

He aquí el resultado:

Pose de Vegueta a través de un filtro color “Canelazo”

  1. Siguiente noticia, muy importante también. En serio le deseo que gane la demanda contra el truán ese de ACORE, Jaime Ruiz Barrera.
  2. Otra más, misma foto.
  3. Esta va con otra foto, como de pensador feliz. Con pose, pero sin exageraciones.
    ¿Qué piensas? Dime tú. No, no, dime tú.

     

(*) En realidad no sé si Cepeda tiene una novia en el espectador. Es una metáfora.

A mi me parece que El espectador tiene un muy buen archivo de fotos, y que el representante Cepeda es un político muy importante que merece ser apreciado con justicia y tomado en serio por una base de votantes distinta a los fanáticos del animé y el manga. Hagan el mismo ejercicio de búsqueda de imágenes de Cepeda en Semana, y verán que uno no se encuentra con estas pendejadas. (Ejemplo 1,Ejemplo 2, Ejemplo 3), o en Google images. No les digo que en El tiempo porque ah gente tacaña y ladina, le ponen las fotos a las noticias una semana y luego se las quitan.  Amigos de El Espectador: háganle un favor al representante y  cambiénle la verraca foto ¿sí? O hagan lo que se les de la gana.

Petardo

El emancipador de la tiranía de la Ciencia: Juan Esteban Constaín.

Mi primera razón de recordación de Juan Esteban Constaín fue una columna suya de El Tiempo de hace años, no recuerdo cuántos, en donde decía dos cosas que hoy no olvido. Una era que sus libros favoritos eran algo así como los manuales de navegación europeos del siglo XV, o no sé si eran los mejores y por esos sus favoritos. Me acuerdo eso si, de no creerle en lo más mínimo. Creo de Constaín que le encanta decir que esos sos sus libros favoritos, pero que miente, que fanfarronea. Pero bueno: su doctorado es en Historia del Meditarráneo, de la Universidad de Venecia. De pronto es verdad.

Lo otro que recuerdo fue que en su columna se quejaba de que qué vaina, el tenía muchos, muchos libros. Y contaba que tenía. Incluía manuales de navegación del siglo XV en Europa, estoy seguro, y otras muchas rarezas y otras cosas. Muchas. Y que qué vaina, que ese montón de libros pesaban mucho, y que había tenido que trastearse, y que que duro tener tantos libros. Lo leí y lo releí y entonces pensé: qué petardo. En serio. Irónico o no. ¿Escribe Constaín pensando en algún tipo de audiencia? Tengo mucha plata. La tengo en lingotes. Pesan. Es muy duro cargarlos. ¡Y es que tengo tantos! Esta es la fanfarronería, la ridiculez. La sofisticación criolla en su variedad más pretenciosa.

En general, nunca leo a Constaín, porque prefiero evitar leer pendejadas. Pero de vez en cuando me llega noticia de alguna suya, como por ejemplo esta columna. Resulta que Constaín tiene una clase, en, ay, me parece tan chistoso como sale en Facebook o hasta en hojas de vida “Our Lady of the Rosary University”. En el Rosario. Clase que “en sus modestas proporciones, es para eso: para vacunar a los muchachos contra el terrible dogmatismo de la ciencia -la Ciencia como ideología y como religión, qué vanidad, qué estupidez…”. Un momento: la ciencia como religión. El blanco como… negro. El positivo como el negativo. Hay que ser muy ignorante para pensar que la ciencia se puede tomar como religión. Hay que ser no sólo ignorante, sino estúpido para en realidad no sólo creer que se puede, sino hacerlo, y tomársela. Pero para vacunar a la gente para que no lo haga, para eso si ya se requiere ser Constaín. Claro, habrá gente que se ha tomado la ciencia como religión. Así como hay gente que ha tomado insecticida para quitarse los piojos. ¿Es un problema ontológico del insecticida? No. ¿Lo es de la ciencia? Tampoco. ¿Es la ciencia como un insecticida? No es el punto. Pero no.

En su clase, que no es de modestas proporciones porque “es una clase rarísima para los muchachos de primer semestre. Es una especie de happening en el que hablamos de todo, desde las frases de Sancho hasta los sonetos de Shakespeare; desde el camino del Inca hasta las letras de Syd Barrett y las Meninas de Picasso.” Constaín vacuna contra el mal de ojo, contra la mordida de unicornio, contra la ciencia hecha religión.

En una muy buena columna que supera en mucho a la presente, Klaus Ziegler en El Espectador, expone de forma clara las razones por las que las burradas que dice Constaín sobre la “tiranía de la ciencia” son no más que argumentos trasnochados propios de cómo los ignorantes educados y cómo los palabreros de la ciencia ven la ciencia. No saben qué es, aún después de un doctorado.

La crítica de Constaín está de moda: es la crítica de la razón, y de la razón sistemática. La crítica que parte de un hecho cierto, que es que no sólo somos racionales, y que deriva en una conclusión asombrosa- quiero decir con esto, estúpida- : que como no sólo somos racionales, entonces apaguemos el cerebro. Ve mirá, en esta caverna hay más que diamantes, mirá que cuando alumbras por allá con la linterna no brilla la pared. Uy si, si, en esta caverna hay mucho más que diamantes. ¿Sabés qué? Apagá esa linterna. En esta caverna hay mucho más que diamantes. Brillante.

Análisis crítico de medios de comunicación en Colombia

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