Petardo

El emancipador de la tiranía de la Ciencia: Juan Esteban Constaín.

Mi primera razón de recordación de Juan Esteban Constaín fue una columna suya de El Tiempo de hace años, no recuerdo cuántos, en donde decía dos cosas que hoy no olvido. Una era que sus libros favoritos eran algo así como los manuales de navegación europeos del siglo XV, o no sé si eran los mejores y por esos sus favoritos. Me acuerdo eso si, de no creerle en lo más mínimo. Creo de Constaín que le encanta decir que esos sos sus libros favoritos, pero que miente, que fanfarronea. Pero bueno: su doctorado es en Historia del Meditarráneo, de la Universidad de Venecia. De pronto es verdad.

Lo otro que recuerdo fue que en su columna se quejaba de que qué vaina, el tenía muchos, muchos libros. Y contaba que tenía. Incluía manuales de navegación del siglo XV en Europa, estoy seguro, y otras muchas rarezas y otras cosas. Muchas. Y que qué vaina, que ese montón de libros pesaban mucho, y que había tenido que trastearse, y que que duro tener tantos libros. Lo leí y lo releí y entonces pensé: qué petardo. En serio. Irónico o no. ¿Escribe Constaín pensando en algún tipo de audiencia? Tengo mucha plata. La tengo en lingotes. Pesan. Es muy duro cargarlos. ¡Y es que tengo tantos! Esta es la fanfarronería, la ridiculez. La sofisticación criolla en su variedad más pretenciosa.

En general, nunca leo a Constaín, porque prefiero evitar leer pendejadas. Pero de vez en cuando me llega noticia de alguna suya, como por ejemplo esta columna. Resulta que Constaín tiene una clase, en, ay, me parece tan chistoso como sale en Facebook o hasta en hojas de vida “Our Lady of the Rosary University”. En el Rosario. Clase que “en sus modestas proporciones, es para eso: para vacunar a los muchachos contra el terrible dogmatismo de la ciencia -la Ciencia como ideología y como religión, qué vanidad, qué estupidez…”. Un momento: la ciencia como religión. El blanco como… negro. El positivo como el negativo. Hay que ser muy ignorante para pensar que la ciencia se puede tomar como religión. Hay que ser no sólo ignorante, sino estúpido para en realidad no sólo creer que se puede, sino hacerlo, y tomársela. Pero para vacunar a la gente para que no lo haga, para eso si ya se requiere ser Constaín. Claro, habrá gente que se ha tomado la ciencia como religión. Así como hay gente que ha tomado insecticida para quitarse los piojos. ¿Es un problema ontológico del insecticida? No. ¿Lo es de la ciencia? Tampoco. ¿Es la ciencia como un insecticida? No es el punto. Pero no.

En su clase, que no es de modestas proporciones porque “es una clase rarísima para los muchachos de primer semestre. Es una especie de happening en el que hablamos de todo, desde las frases de Sancho hasta los sonetos de Shakespeare; desde el camino del Inca hasta las letras de Syd Barrett y las Meninas de Picasso.” Constaín vacuna contra el mal de ojo, contra la mordida de unicornio, contra la ciencia hecha religión.

En una muy buena columna que supera en mucho a la presente, Klaus Ziegler en El Espectador, expone de forma clara las razones por las que las burradas que dice Constaín sobre la “tiranía de la ciencia” son no más que argumentos trasnochados propios de cómo los ignorantes educados y cómo los palabreros de la ciencia ven la ciencia. No saben qué es, aún después de un doctorado.

La crítica de Constaín está de moda: es la crítica de la razón, y de la razón sistemática. La crítica que parte de un hecho cierto, que es que no sólo somos racionales, y que deriva en una conclusión asombrosa- quiero decir con esto, estúpida- : que como no sólo somos racionales, entonces apaguemos el cerebro. Ve mirá, en esta caverna hay más que diamantes, mirá que cuando alumbras por allá con la linterna no brilla la pared. Uy si, si, en esta caverna hay mucho más que diamantes. ¿Sabés qué? Apagá esa linterna. En esta caverna hay mucho más que diamantes. Brillante.

¿Se nos va Mauricio Vargas? Bien ido.

Mauricio Vargas: me cansé del frío de Bogotá

Mauricio Vargas se va de Bogotá.  Las razones que Vargas aduce a lo largo de su columna muestran una profunda desconsideración por millones de Bogotanos que simplemente tienen que vivir en Bogotá, bonita, fea o como esté, y no tienen los medios para retirarse a una casita cerca al mar, y hacérselo saber a la opinión pública. Vargas, que nació en Bogotá hace 50 años (él tiene que decir que es más bien “el medio siglo que ya completó en este planeta“), viene a estas alturas de la vida a salir con que se cansó de la “garúa”, que es como Vargas le dice a lo que los demás llamamos lluvia, y del cielo gris, y del frío. La queja resulta francamente inverosímil: sería como que un esquimal súbitamente se quejara de la nieve y el hielo entre los que nació, creció y se reprodujo. La queja del frío y el cielo gris se la creo a un muchacho recién llegado de tierra caliente. ¿Pero a un nativo? ¿Y de medio siglo? Es que Bogotá no se volvió así, es así, siempre ha sido así: gris y fría. Su rinitis, sus resfriados y sus dolores de huesos son chocheras, achaques de una vejez prematura y malentrada que ahora Vargas quiere endilgarle al clima al que ha estado expuesto medio siglo, en vez de a su asma y a todo el humo de segunda y primera mano que aspiró durante años: tan sólo en septiembre del año pasado nos lo contaba en otra de sus jocosas columnas de la pretenciosa revista Donjuán. Esto además, después de haber promocionado ampliamente la inmisericorde llegada de sus 50 años.

Cuando finalmente Vargas dice ser honesto, devela que realmente lo que no le gusta de Bogotá es Petro, ni los anteriores alcaldes del Polo, cosa a la cual tiene todo el derecho del mundo: Garzón y Moreno son dos conocidos retrocesos, y Petro aún no ha salido con nada. El problema con el arranque de honestidad de Vargas es que de paso revela que más o menos siempre ha odiado vivir en esta ciudad, que tanto le ha dado dice, pero que a lo sumo le parecía soportable. Ahora, después de tres administraciones desprovistas de amigos suyos, ya no tiene porqué aguantarse más; basta de apariencias. La columna es el destape de una animadversión de vieja data contra la ciudad. Súbitamente le han salido los cojones para decirlo. Cegado por su afán de criticar en abstracto a los objetos reales de su odio, Vargas recurre a la fantasía, diciendo que antes las bibliotecas públicas en realidad si lo eran, y que hoy ya no, e incluso, y ya delirante, afirma que había colegios públicos de calidad en el sur.

Entonces dice que por eso se va. Se muda (Vargas no se trastea, se muda) buscando dice, no sólo “el calor de otras tierras sino de otra gente“, en una nueva ciudad que cobardemente, no se atreve a nombrar, pero en donde “hay mejor temperatura, humana y ambiental, y la gente todavía sonríe, todavía no se ha envenenado, y comienza a haber bibliotecas y buenos colegios públicos y han comenzado, poco a poco, a liberar los andenes“. Los Bogotanos resultamos entonces ahora una horda de gente envenenada, de mala “temperatura humana”, lo que sea que eso signifique; amargados, que no sonríen. No veo de dónde pueden salir generalizaciones tan burdas sobre el carácter de tanta gente tan distinta que vive en esta ciudad. Vargas se suma a la cadena de “estereotipos, de lugares comunes, de agresiones gratuitas” relacionadas con lo regional que denuncia en su excelente columna del El Tiempo, Juan Gossaín.

La columna de Vargas está llena de ese lenguaje arribista y pretencioso característico de él. En esta ocasión nos salvamos otra vez de que nos dijera que su padre era de la cueva de Barranquilla, y su inevitable, gratuita y repetitiva referencia de autodefinición personal y profesional en torno a Grau, Obregon, Roda y como no, Gabo. En cambio, sí nos tuvimos que enterar de que su novia nació en un mar “agitado, frío y con personalidad”, una referencia tropical y tercermundista, como si nacer cerca de un mar agitado y frío le diera a la gente algún un carácter especial. Esta atribución causal encaja de maravillas con la propensión de Vargas a hacer generalizaciones defectuosas y a usar estereotipos regionales: los Bogotanos, tristes y envenenados, su novia, agitada y con personalidad.

Lo más lamentable de esta sarta de ofensas gratuitas, odios destapados y pretendida sofisticación, es que está montada sobre una mentira suprema. Resulta que todo es falso: Vargas en realidad no se va de Bogotá. Podrían pasar entre tres y ocho años para que de pronto lo haga.  La forma en que lo explica es además de antología: empieza la columna con un solemne:

La decisión está tomada: en un plazo de unos pocos años, abandonaré Bogotá, la ciudad en la que he vivido casi de manera permanente durante el medio siglo que ya completé en este planeta, y que, debo decirlo, me ha dado mucho

Para tan sólo unas líneas después develar la magnitud de su mentira: unos pocos años que podrían ser entre ¡tres y ocho!:

Pero con la debida planificación, para la segunda mitad de este decenio estaré viviendo fuera de la capital la mayor parte del tiempo.

Por favor. ¿Con la debida planeación? ¿En la segunda mitad de este decenio?. El tipo no tiene ni idea cuándo se va. No sólo es falso el romanticoide “Adiós Bogotá, Adiós”;  Vargas en realidad no se va a ningún lado, sino que además a la vuelta de 5 o 7 años, dos alcaldías después de la presente, cuando probablemente se mude, su pretendida partida ni siquiera será permanente.

Veremos si algún día se va. Por ahora Vargas nos enseña una pieza de crítica política taimada, soterrada, fundamentada en eventualidades, mentiras y ofensas gratuitas y ahora vemos con sorpresa, añejas. Pretende mostrar como racional una decisión venal; simplemente se va de Bogotá porque le da la gana y puede, y puede simplemente por ser quién es y en virtud de los privilegios que le han tocado en suerte, y que no le han tocado a millones de Bogotanos con problemas reales como la falta de oportunidades, la exclusión, o no poder suplir sus necesidades básicas, y no tonterías como que no le entra suficiente luz en su estudio. Vargas parece mostrar con orgullo el no haber pasado por la universidad; de hecho se jacta de que “a punto de cumplir 23 años y se encontraba ya a la cabeza de la redacción de una de las más importantes publicaciones del país, mientras sus compañeros de generación apenas terminaban sus estudios universitarios“; esto tampoco le impidió ser ministro. Y bueno, es cierto, hay mucha gente muy brillante que no ha pasado por la Universidad. Parece ser que pasar por la universidad como rito de acenso social es un camino que nos toca sólo a algunos, y es cierto, hay muchas que no se aprenden en la universidad, o fuera de ella. Consideración y empatía por sus conciudadanos, de las que Vargas hace una impresionante demostración de carencia absoluta, parecen ser dos de esas cosas. Y eso que esta ciudad le ha dado tanto. Qué tal que no, como a tantos otros bachilleres rasos.

Un bonito mensaje de unidad desde Antioquia

Sergio Fajardo, Gobernador de Antioquía.

Les debe sonar incluyente y amable a los vecinos de Antioquia ese plan de desarrollo del gobernador Fajardo, “Antioquia la más educada”. Pienso por ejemplo nuestros compatriotas del Chocó, en niños como Wikdi, que se desplaza cinco horas diarias para llegar a una escuela que por injusticias de la vida, la mala fortuna o no sabemos qué, no queda en ese edén que es Antioquia. ¿Qué pensará Wikdi de que Antioquia sea la más educada? ¿Cómo lo hará sentir en su identidad personal y cómo Chocoano?

“Antioquia la más educada” no es un nombre gratuito. Viene de ese también amable e incluyente plan “Medellín la más educada”, que transporta mi memoria al año 2006, grados de la Universidad de Los Andes. Orador invitado: Sergio Fajardo: “…Bogotá puede ser la segunda, perfecto, pero  yo quiero que Medellín sea la más educada“. Y ahora que lo pienso, me parece que hombre, era una mención innecesaria y odiosa, accesoria y desde luego absolutamente prescindible en el contexto del mensaje a los graduandos. Porque según recuerdo él iba a decir algo de que la educación era “la clave”, o que era necesaria para el desarrollo o algo así; que era muy importante por X o Y cosa, lo de siempre. Pero terminó diciéndonos a todos los bogotanos allí presentes que podríamos llegar de segundos o de lo que quisiéramos, porque él y su Medellín iban de primeros. Si uno sabe un poquito del tema, sabe que es bien tonto hablar de primeros y segundos mejores educados. ¿Cuál es esa escala? ¿Qué significa ser el más educado? ¿Qué haya más bibliotecas, qué haya más colegios, qué más estudiantes se gradúen de primaria, de bachillerato, qué les vaya mejor en el ICFES, en PISA, qué más lleguen a la Universidad, qué más escojan matemáticas como pregrado, qué que, qué cosa en el mundo? La respuesta es imposible y arbitraria. La sola noción es una gran tontería si uno está pensando realmente en justicia social, en inclusión, en ayudar a construir una identidad nacional menos sectaria y menos preocupada por los eslóganes regionales, o por encontrar lo que nos separa en vez de lo que nos une.

A mí sinceramente no podría importarme menos si Bogotá o Medellín son las más o las menos educadas; me importaría si la educación en Bogotá y Medellín está haciendo realmente alguna diferencia para los cientos de miles de niños que asisten a la educación pública. A mi no me preocupa “ganarle” en educación a nadie; a Guanía o al Chocó, ni a Antioquia: la perspectiva de competir en nuestro pobre contexto me parece primero risible, y segundo mezquina.  La encuentro cismática y discriminatoria, excluyente y desconsiderada con la audiencia nacional, que incluye a Wikdi y miles como él.

Pero merece la pena ver qué es lo que significa o qué es lo que incluye el plan de desarrollo; tratar de encontrar cuál es la lógica detrás del nombre de “Antioquia la más educada”. El plan se encuentra aquí. Tiene siete líneas: legalidad, educación, seguridad, inclusión social, medio ambiente, urabá y competitividad. Líneas sin duda relevantes para Antioquia. El plan parece hilado, y está escrito en un lenguaje informal y accesible, y tiene esas cosas frescas y locas, tan desprovistas de solemnidad como una camisa de manga corta: varios diagramas, diagramas como de profesor -ese que él nunca dejará de ser- que me atrevería a afirmar, son de puño y letra del genial gobernador.

La educación tiene un papel tan importante como el de cualquiera de las otras líneas. Tiene un énfasis importante en equidad e inclusión que le daría para llamarse “Antioquia, tierra de igualdad” o “Antioquia, desarrollo para todos”, o cualquier cosa: “Antioquia verde, incluyente y segura”. Pero no. Tenía que ser la más educada. Esa referencia prescindible, secundaria y ridícula de ser “la más”, “la mejor”, “la primera”, para el gobernador precisamente no lo es, sino todo lo contrario: es imprescindible, primaria y tiene toda la seriedad del mundo. El quiere que todos sepamos que “lo hicimos en Medellín y lo haremos en Antioquia“, y que les quede bien claro a los antioqueños, a los bogotanos, a los chocoanos, a Wikdi. Sobre todo a Wikdi, que no se preocupe porque en realidad el mensaje del Gobernador no es de exclusión,  no no no, ni lo uno ni lo otro, ni todo lo contrario: es un mensaje de inclusión. Sólo que hay que esperar un poquitico, dejar volar la imaginación y visualizar a Fajardo diciendo Ya lo hicimos en Medellín, ya lo hicimos en Antioquia, y ahora vamos a hacerlo en Colombia: ¡vamos por Colombia la más educada!

Tendremos Fajardo para rato, amigo Wikdi.

Las mujeres también son personas, parte 2.

Rodrigo Uprimny(izq) y José Galat

La autora original del título de esta entrada se llama Jessica Winter. El artículo, disponible aquí, y cuya lectura recomiendo ampliamente, hace un recuento de varios incidentes públicos recientes en Estados Unidos que evidencian el estado en que se encuentra el debate sobre los derechos y la naturaleza de la mujer en ese país. Winter, con un humor que encuentro entre envidiable, y sorprendente dada la seriedad del tema, muestra un panorama desolador. No parece estar muy claro que las mujeres sean personas.

En Colombia, ya sin humor y con esa aura de la infalibilidad intelectual de la academia, tenemos a Rodrigo Uprimny, el magistrado, defensor de minorías oprimidas como los homosexuales, los toros, y desde luego, las mujeres. Su postura: al parecer, en ciertas circunstancias especiales, las mujeres son personas. Quién no hace mucho era director de la iniciativa de Educación, Paz y Derechos humanos de la UNESCO, abogó recientemente en su columna de El Espectador porque la nueva terna para fiscal general de la nación estuviera compuesta sólo por mujeres, pues:

… la composición de género de la cúpula judicial no es muy equitativa. En la Corte Suprema sólo hay 4 mujeres entre los 23 magistrados que hoy la conforman, menos del 18%

Lo cual es una pena, a pesar de los avances en la ley de cuotas, dice él. Continua diciendo que “… en el consejo de estado la cosa es un poco mejor, pues hoy hay 9 magistradas entre sus 29 integrantes“, y luego pasa a renglón seguido a concluir con esta increíble joya del más rampante machismo:

En ese contexto, la llegada por primera vez de una mujer al cargo de fiscal general representó un avance significativo en equidad de género en la Rama Judicial. Además, este año fue suficiente para que Viviane Morales le demostrara al país, y en especial a todos los machistas escépticos, que una mujer, con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal.

Lo de Morales quizás haya podido convencer a un machista escéptico, como los llama Uprimny, pero no a uno soterrado, como lo parece él. El problema de fondo es que Uprimny parece más preocupado por que se cumpla una ley, que por demás es discriminatoria y ridícula, que por tratar con equidad y respeto genuino a las mujeres. Uprimny resulta sumándose al debate retórico de Winter sobre si las mujeres son personas o no, porque usa un lenguaje inherentemente condescendiente contra ellas: resulta entonces que “una mujer también puede ser fiscal“. Quién se lo iba a imaginar. Guao. Una mujer. Claro, no cualquier mujer. Dice Uprimny que “una mujer, con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal“. No sólo lo escribió en el Espectador, sino que ayer, en su jadeante intervención en la W radio, Uprimny vuelve a ratificar, después de hablar durante interminables minutos (les reto a oírlo completo aquí y aquí), que su preocupación es más legal que moral: que se cumpla la ley de cuotas, que haya un avance en la equidad de género. Dice que la doctora Morales “mostró que una mujer puede ser una muy buena fiscal”. ¿Acaso la naturaleza femenina plantea una desventaja a superar? A los hombres nunca se les ha pedido que demuestren su valía para ejercer cualquier oficio. Aceptar la lógica retorcida de este discurso degrada de plano la naturaleza femenina por debajo de la condición humana: las mujeres, a diferencia de los hombres tienen que demostrar su valor, con lo cual intrínsecamente se afirma que no lo tienen y que son ontológicamente, inferiores a los hombres. Si la fiscalía de Morales resulta reivindicando a las mujeres, qué dice entonces de los hombres la fiscalía de Luis Camilo Osorio: ¿Que los hombres pueden ser fiscales aunque presuntamente demuestren connivencia con el paramilitarismo? Y la de Valdivieso qué fue entonces: ¿una reivindicación de los enanos? Decir que la fiscalía de Morales dice algo de las mujeres en general es tan peyorativo como superficial. Y misógino.

Demostrar que el lenguaje de Uprimny desprecia de manera tácita a las mujeres, es muy sencillo. En la cita:

una [mujer], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal

Reemplácese la palabra entre corchetes cuadrados por otras de una lista, que incluye la palabra yegua. Si el enunciado resulta reivindicatorio para el agente involucrado, una yegua en este caso, es que estamos ante una especie inferior. La lista es esta: vaca, homosexual, gorila, mujer, hombre. Veamos algunos casos, y mis disculpas si no observé  la ley de cuotas en mi lista; es que, mi punto es de fondo:

“una [vaca], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal”. Reivindicatorio para las vacas: sí. Ergo, las vacas son una especie inferior.

un [homosexual], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser un excelente fiscal”. Reivindicatorio para los homosexuales: sí. Ergo, los homosexuales son una especie inferior.

una [mujer], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser una excelente fiscal”. Reivindicatorio para las mujeres: sí, de acuerdo a Rodrigo Uprimny. Ergo, las mujeres son una especie inferior.

un [hombre], con la formación profesional y de carácter adecuados, puede ser un excelente fiscal”. Reivindicatorio para los hombres: no; al contrario, resulta un enunciado tautológico y sin valor. Ergo, las mujeres son una especie inferior.

Decir que un hombre con la formación profesional y el carácter adecuado podría ser un excelente fiscal es una obviedad; en cambio para Uprimny es un parte de victoria y un reivindicación de algo inferior: el homosexual, la vaca, la mujer. El talante comunicativo de Uprimny está lejos de ser un rareza. El mismo tipo de lenguaje condescendiente que ve los logros de las mujeres como evidencias de que las mujeres “si pueden” y “si son capaces”, y que les pone la carga de la prueba, dándoles ipso-facto un estatus de inferioridad, es frecuente en la W: “Si ven Alberto, Julio que las mujeres si podemos”, dicen las pobres, y ellos dicen “si si, claro, son muy lindas y muy capaces, y han demostrado que pueden hacer de todo” dice el godo, y luego Julio replica “Y Alberto, ¿vio a Bianca? No no no. Es que francamente Alberto, uno no es de palo, así sí es muy difícil trabajar. Es que el tema es el buzo” y el godo replica, “Pero si hace frío. El tema es más bien el collar”  Y luego vienen las risitas de todas (y todos, para ser incluyente): ya les han reconocido lo lindas y capaces que son, y ellas lo aceptan, accediendo al trato discriminatorio de sus patrones, que pasan a recordarles que sí, muy lindas y muy capaces, pero muñequitas al fin y al cabo.

Uprimny, podrá posar de contraparte liberal para José Galat, lo cual es difícilmente más pírrico; pero de ahí a que su lenguaje respete a las mujeres como pares hay un largo trecho. Su uso condescendiente y descuidado del lenguaje  resulta francamente lamentable, aunque me temo mucho que el profesor, perdón, el profesor no, el maestro Uprimny, pertenece a ese pequeño parnaso criollo de intelectuales intocables, con licencia para decir y hacer estupideces en público sin tener por mucho que responder, y sin mayores efectos que la decepción, con notables excepciones. Para ponerlo en la lógica de la autora original del título de esta entrada, Rodrigo Uprimny nos demuestra que claro que sí, las mujeres también son personas. Desde que estudien un jurgo y tengan buen carácter, bienvenidas a la especie humana.

Esta pequeña parroquia y su periodismo de chismes

La noticia: que hay gente brava en el mundo

Colombia es un país poco serio con un periodismo poco serio, ejemplarizado en Semana. De Semana valen habitualmente la pena las columnas. Por el resto, es el medio de comunicación de correveidiles de la dirigencia nacional. En Semana no  sólo se han inventado noticias, sino que generalmente hacen análisis superficiales de hechos importantes, pero de forma editorial-soterrada: nunca tienen firma. Semana es una revista de chismes, que vuelve los temas de fondo del país escaramuzas ridículas. Con la restitución de tierras por ejemplo, a Semana lo que le preocupa es que los paisas estén “berracos“, palabra que a propósito, no está en el diccionario RAE. Afirmaciones como “Pero no solo ha llamado la atención la frialdad de Antioquia con Santos” son prosaicas y excluyentes. Prosaica por esa equivocada humanización de las entidades políticas que es tan común en los medios de comunicación, y que resulta siendo tan opresiva. Uno dice que Colombia es un país de segunda, una pequeña parroquia donde el periodismo son chismes de corrillo, y se sienten aludidos periodistas y no periodistas, indignados, como si uno hubiera hablado mal de su mamá, porque ese es el problema: la gente en Colombia es tan maleducada que se cree de verdad lo de la “madre patria”; piensa en el país que permite que le cobren el 4 por mil, es como su mamá.  La tal “frialdad de Antioquia” también resulta siendo excluyente porque cuando uno lee la nota entonces se da cuenta que para el anónimo autor, Antioquia no son los campesinos que acompañaron a Santos en Necoclí; esos no cuentan en la frase. En la frase los que cuentan como Antioquia son Ana Mercedes Gómez, Guillermo Gaviria, y los encopetados asistentes a la gala del Colombiano, como si toda Antioquia fuera como ellos y compartiera sus ideales de equidad y justicia social.

La última portada es dedicada a otro problema emocional: los representantes de unos gremios muy influyentes en el país están “bravos” con el presidente. Esta nota es un claro ejemplo del periodismo superficial de Semana. Larga y llena de figuras ridículas que van desde los pelos de punta, pasando por los “choques de trenes” y “corazones rotos”, en la noticia prima la presentación de aspectos emocionales impertinentes e irrelevantes a los evidentes problemas reales involucrados, asuntos cuyo fondo desde luego, nunca se aborda:

  1. Que “Al presidente de la Asociación Nacional de Industriales (Andi), Luis Carlos Villegas, no se le había visto tan furioso hacía mucho tiempo“. El problema según Semana: el señor estaba indignado porque “se metieron con la honra” de los industriales. Aspectos distintos a la furia y a la honra que hubiera valido la pena discutir: la eliminación de una gabela tributaria por valor de 7 billones de pesos año a los empresarios e industriales, y un posible y rápidamente olvidado caso de corrupción involucrado.
  2. Que “Los presidentes gremiales agrupados en el Consejo Gremial Nacional (CGN), unos verdaderos pesos pesados, están tan furiosos como Villegas con la decisión de la poderosa Superintendencia de Industria y Comercio”, porque “afirman que por querer poner en cintura las prácticas anticompetitivas va a restringir la información que manejan los gremios, algo que, afirman, es esencial en su misión“. Pero y del tema de poner en cintura prácticas anticompetitivas, ¿algo? El problema real se vuelve una nota marginal.
  3. En este país de tantos conflictos lo mejor es evitar uno más. Es que la situación está tan tensa, pero “… como si no faltaran desacuerdos con el sector privado, un proyecto de ley que hace tránsito en el Congreso liderado por el superintendente de Sociedades, Luis Guillermo Vélez” tiene, dice Semana, a los gremios “Con los pelos de punta”. El asunto de fondo en cuestión: “… tal vez lo que más escozor ha creado es que obliga a todas las sociedades extranjeras que tengan inversiones en Colombia a revelar quiénes son sus accionistas y beneficiarios reales“. Saber quienes son los beneficiarios reales de las ganancias de empresas extranjeras en Colombia es un asunto de interés público: el asunto de fondo,  nuevamente pasa mencionado tangencialmente; sólo como un accesorio a los “pelos de punta”
  4. En este país en el que no es posible hacer bien no el teatro de la ópera de Sidney, no el Guggenheim, no un edificio de más de 30 pisos, no, nada de eso, sino unas losas de concreto, planas,  que van acostadas en el piso para que les pase un bus encima, en este país en donde eso no se puede,  “lo que realmente irritó al sector de la ingeniería es que fuera señalado como el malo del paseo. Juan Martín Caicedo Ferrer, presidente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), dijo que por los pecados de unos contratistas que fallaron, el gobierno estigmatizó injustamente a toda la ingeniería nacional.” Y que pena la estigmatización, pero es que la robadera en obras de ingeniería, grandes y pequeñas, no ha tenido coto. Más que los estigmas, a mi si me parece necesario visibilizar un problema real de la ingeniería nacional: podrán hacer represas, pero pavimentar bien una puta calle, eso no lo sabe hacer nadie. Nadie. Ni se diga poner adoquines: primero se produce la primera misión tripulada de astronautas colombianos a saturno, desde el territorio colombiano y en un cohete de fabricación nacional.
  5. Que “La banca sintió que el ministro Echeverry, con varias de sus declaraciones, puso al sector en la picota pública” porque “Un artículo de la reforma tributaria que permitió regular las tarifas en los servicios financieros fue considerado por los banqueros como una clara intervención –no necesaria– del gobierno en el libre mercado” Y luego dicen que es “una espinita, todavía clavada“. Pero un momento: lo ¿importante no era el escrutinio y el control a los voraces banqueros nacionales? Y quien dice que la intervención no es necesaria:¿ los vigilados acaso? Los bancos, además de impunes, intocables.
  6. La cursileria que viene a continuación es toda culpa del cursi que la escribió, y seguro debe molestarle a los mismos floricultores que sus disputas gremiales se consideren desde Semana, otro asunto sentimental: “Otro corazón que se partió fue el de los floricultores con el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, por las denuncias públicas de mal uso de algunos de los apoyos dados por el gobierno al sector floricultor, lo que provocó una airada protesta de Asocolflores“. El mal uso de algunos recursitos por ahí, eso es todo. Es un asuntico como Agro Ingreso seguro. Si, romprecorazones, definitivamente.

Y otras más de menor monta. Este deplorable ejemplo de “periodismo de opinión”, que en realidad es un anónimo en el que un razonero manda chismes a lado y lado,  tiene un remate por demás desastroso que reivindica lo superficial del análisis de la revista:

 En las quejas de los empresarios lo que en el fondo se demuestra es lo que siempre se ha sabido: que hay matrimonios buenos pero no perfectos. Y que el novio puede parecer un príncipe azul durante el noviazgo, pero la convivencia es siempre menos emocionante que la luna de miel.

Entonces resulta que eso es lo que siempre se ha sabido. Que hay matrimonios buenos pero no perfectos.  Que conclusión tan penosa, y tan fuera de lugar, incluso con lo ridículo de los precedentes. Yo hubiera pensado que no sé, de pronto lo que en el fondo demuestran las quejas de los empresarios es la necesidad de grandes transformaciones sociales en Colombia, el ahínco con el cual grupos de privilegiados y poderosos quieren restringir la entrada en vigencia de un orden social más justo y equitativo, y las tensiones, intereses, y asuntos en juego, sobre todo los públicos. Para Semana, el problema es que a ella le gusta espichar la crema dental por la mitad y a él desde el extremo, y que cuando él orina -ay, los hombres, todos igualiticos-  deja manchada la taza. Si esto no es periodismo superficial y desinformación, que alguien me diga qué es.

El mesías de los cerdos, o el catolicismo y el subdesarrollo

PIGS: La periferia Europea

España, donde desdeñosamente nos llaman sudacas, es a su vez vista con desdén desde hace mucho tiempo por sus vecinos europeos. Hace parte de un grupo económico denominado por quienes se creen más europeos, los PIGS: Portugal, Italia, Grecia y España (Spain). A inicios de la primera década de este siglo, con sorna se decía que los PIGS eran “flying PIGS”, por sus aparentemente buenos resultados económicos, que hoy sabemos, fueron una burbuja. De hecho, a finales de la década, (2008) las cosas habían cambiado mucho: el ministro de economía de Portugal se quejaba de que un artículo del Financial Times sobre su país y los otros miembros del triste club se titulaba  ”PIGS in muck” , literalmente, cerdos en el fango.

Este 8 de enero pasado apareció un muy completo artículo en El País de España titulado “‘Cerditos’ en la UE: ¿Son los países católicos manirrotos?“, en donde Juan G. Bedoya pone de presente un hecho que es llamativo: el desastroso manejo económico de los países católicos europeos. ¿Tendrá que ver el que estos países sean católicos con su rezago? Bedoya recopila elementos interesantes que apuntan en dirección afirmativa.

En Colombia, a los cerdos les salió su mesías. El sacerdote legionario de cristo José Manuel Otaolaurucci (JMO) el sábado pasado, ripostó sobre el tema en una deshonesta y amañada columna que paso a discutir. Dice que injustamente, se ha repetido mucho una mentira, esa mentira que dice que:

“La teoría de que el mundo protestante es más exitoso económicamente que el católico nace con el sociólogo alemán Max Weber (1864-1920), quien postuló la tesis partiendo de la constatación de que los países protestantes van progresando de modo constante, mientras que los católicos se mantienen en la indigencia.”

Lo cual no es lo que dijo MaxWeber. Lo que dijo Max Weber (obra original aquí) es que en el protestantismo había valores mas compatibles con el desarrollo económico, la industrialización y en general el surgimiento del capitalismo moderno que en el catolicismo, y que esto tenia cierta correlación geográfica en Europa. No dijo que los católicos se mantuvieran en la indigencia. JMO argumenta de forma deshonesta porque tergiversa a su fuente, para atribuirle mentirosamente, afirmaciones que no hizo, como esta supuesta afirmación de Weber con la cual prosigue su columna:

Weber afirma, en su libro ‘Ética protestante y el espíritu del capitalismo’, que el protestantismo promueve el trabajo, la honradez, el ahorro y el apego a las cosas materiales, mientras que los católicos, en cambio, son perezosos, consideran el trabajo como un castigo, son conformistas, tramposos y derrochadores.

Lo que dice Weber, que era un hombre serio y considerado el fundador de la sociología de la religión, es mucho más complejo, y lo más parecido a esa cita mentirosa de JMO que me encontré fue esto:

It will be our task to investigate these religions with a view to finding out what peculiarities they have or have had which might have resulted in the behaviour we have described. On superficial analysis, and on the basis of certain current impressions, one might be tempted to express the difference by saying that the greater other-worldliness of Catholicism, the ascetic character of its highest ideals, must have brought up its adherents to a greater indifference toward the good things of this world. Such an explanation fits the popular tendency in the judgment of both religions. On the Protestant side it is used as a basis of criticism of those (real or imagined) ascetic ideals of the Catholic way of life, while the Catholics answer with the accusation that materialism results from the secularization of all ideals through Protestantism.” 14

JMO no sólo le atribuye a Weber una tesis que él mismo se inventó, sino que luego, obrando de manera aún más inmoral, pasa a dar una serie de evidencias seleccionadas con tan poco tino como rectitud: ahora se pone JMO en la tarea difícil de encontrar países católicos desarrollados para dar contraejemplos y dice que:

Hay países protestantes con retraso, como Escocia; países católicos con fuerza y estabilidad, como Austria o Liechtenstein, y países católicos con economías emergentes, como Brasil, México o Colombia. Además, ningún teólogo protestante serio ha defendido nuevamente esta tesis, entre otros argumentos.

La elección de países para refutar la tesis es inmoralmente amañada.  Escocia ni siquiera es país de verdad. Es un miembro del UK, sin silla en la ONU; es tan país como Cataluña, que no es un país.  Escocia goza de buena salud económica desde el siglo XVIII, y su capital Edinburgo, es el cuarto centro financiero Europeo; JMO sin embargo dice que “Escocia tiene retraso”, una frase tan oscura como errónea, y tan diciente de la ignorancia del legionario en temas económicos. ¿De qué hablará? ¿De recesión? El otro gran país que JMO usa como ejemplo es ese indiscutible protagonista de la escena económica, geopolítica, cultural y religiosa de los dos, o quizá nueve últimos siglos: Liechtenstein, que tampoco es un país. Muchísimo menos que un país, Liechtenstein es un principado quizás solo dos cuadras mas grande que Soacha, Cundinamarca, cuya población nacional cabría entera en el estadio Metropolitano de Barranquilla: menos de 40.000 personas. En este reconocido paraíso fiscal europeo (¿tendrá esto acaso que ver con su riqueza?), las mujeres obtuvieron el derecho al voto tan sólo en 1984. Valiente ejemplo de país católico “con fuerza y estabilidad”. Cuando JMO por fin hace referencia a un país real en europa, escoge al hermano bobo de Alemania, Austria. Digamos que vale, va uno. Pero Otaolaurucci ya acabó el inventario de países católicos que no están quebrados por manejos deshonestos del presupuesto público, y no va a usar a Italia o a Polonia.  Tiene entonces que recurrir a una nueva categoría de países, los “emergentes”, que son católicos a sangre y fuego, los países colonizados.  Países de tan discutible éxito económico e indiscutible desigualdad como Colombia, Brasil y México. Extrañamente, y al parecer aceptando que los PIGS son PIGS, no cita a ninguno de ellos como ejemplo de desarrollo. Se entiende. Es que es difícil.

Remata esta intencionalmente sesgada y defectuosa muestra de países desarrollados y católicos, mintiendo y engañando otra vez, cuando afirma que ningún teólogo serio ha recogido el trabajo de Weber. Si uno lee el artículo que JMO dice haber leído para criticar del diario El País, encuentra visible y evidente esta cita, que dice exactamente todo lo contrario:

Es difícil encontrar un historiador de las religiones que no se ocupe de las tesis de Weber. El último en hacerlo es Diarmaid MacCulloch, catedrático de Historia de la Iglesia en la Universidad de Oxford [Facultad de Teología]. Acaba [2010] de publicar una imponente Historia de la Cristiandad (Debate, 2.300 páginas) y, pese a señalar los intentos renovadores de Roma, considera razonables los argumentos del sociólogo alemán.”

Prosigue ahora haciendo un malogrado alarde de sapiencia epistemológica al decir que:

Desde el punto de vista metodológico, la tesis de Weber confunde el ‘post hoc’ con el ‘propter hoc’. Es decir que no encuentra una causa eficiente que lo pruebe, sino que lo afirma  sobre la base de que muchos países protestantes son económicamente más exitosos que los católicos. Una tesis para ser válida debe aplicarse siempre y en todo momento, de lo contrario es falsa. La ecuación “puritano” igual a “progreso económico” no la demuestra bajo ningún criterio sociológico ni mucho menos económico. De hecho, habría que analizar su concepción antropológica, pues parece identificar al hombre como un “ser económico” como elemento fundante sobre otras dimensiones como la espiritual.

Post hoc ergo propter hoc es nombre de una falacia lógica que ocurre cuando uno oye chistes como “si ve, no fue sino que usted llegara y empezó a llover”, en donde se confunde secuencia temporal con causalidad. Es una falla lógica, pero no “metodológica”, y no puedo sino preguntarme qué relevancia tiene en este caso. JMO caricaturiza el trabajo de Weber como “una tesis”  y “una ecuación” de la que él supuestamente encontró excepciones, y luego, ignorancia atrevida, critica a uno de los fundadores de la sociología moderna porque su visión del hombre es un “ser económico” por encima de otras cosas.  Este tipo de sobresimplificaciones y tejiversaciones del trabajo de Weber  me hacen pensar que lo más probable es que JMO en realidad nunca lo ha leído,o lo ha leído malamente.

Remata JMO diciendo que:

Hay que saber refutar esta nueva “leyenda negra de la Iglesia” que se va propagando sin tener valor científico, posee errores,  además de que hay muchos casos que la contradicen a favor y en contra. Lo malo es que una mentira repetida muchas veces termina aceptándose como si fuera verdad.

La leyenda no es nueva. Tiene siglos. Además, que es eso de que “hay muchos casos que la contradicen a favor y en contra“. Contradecir a favor y contradecir en contra.  Háganme el favor. Esto es blanco, no, no, es negro: ¿es esta una contradicción a favor o en contra?

Aquí no hay ninguna mentira repetida muchas veces. Lo que hay es un patrón con muy pocas excepciones. JMO intenta negar lo evidente: ningún país a donde en mala hora se exportó el catolicismo español, está bien. Y a los que ahora están “emergiendo”, les ha tomado siglos de sangre y fuego, fuego atizado por curas retardatarios y deshonestos que siempre están dispuestos a abusar de la ignorancia de la gente.  El mapa del catolicismo en el mundo es el mapa del saqueo y la usurpación, del genocidio y del pillaje, es decir, el catolicismo europeo, o bien el mapa del subdesarrollo: Latinoamérica entera, el África Subsahariana y Filipinas. Claro, faltan zonas subdesarrolladas, pero de la subyugación intelectual y moral de sus habitantes se han ocupado otras religiones. Tampoco se le puede echar la culpa de todo al catolicismo.

Es cierto, el catolicismo no tiene la culpa del subdesarrollo mundial. Solo del Iberoaméricano, de la parte de África en dónde hay más SIDA, y de Filipinas.

Ya veo a los pobres muchachos de los colegios legionarios de Latinoamérica leyendo esta bazofia intelectual como si fuera un ejercicio de lógica y de argumentación, y no de engaño y tergiversación, como lo es.

Las religiones en general son todas factores, ahí sí, de retraso, unas más que otras. Hay gente se vuelve Taoísta y se deja de bañar.  Últimamente me encuentro mucho  budista occidental envanecido y exultante de arrogancia y condescendencia para con los demás. Son inmamables: cantan los villancicos y todo. Su religión esta tan por encima de todas las otras como ellos de todo el mundo . Tampoco voy a defender a los Protestantes, ni más faltaba. Armando Montenegro en una excelente columna, hecha para ilustrar y no para engañar, nos muestra que para volver a unos puritanos ingleses en pares de la peor ralea criolla latinoamericana, lo único que se necesita es ponerlos a vivir en providencia (y similares). Esto muestra que el problema no es sólo la religión, pero no quiere decir que la religión no sea un problema. De hecho si lo es, pues a estas alturas de la vida uno se encuentra con ejemplos de escritura deshonesta y engañosa como la del señor Otaolaurucci, a quien me he referido como el mesías de los cerdos, por lo cual presento mis más sentidas disculpas por este recurso retórico peyorativo, a los cerdos, que aprecio mucho y de cuya carne no me alimento.

No, no es maniqueísmo por una muerte pública

Un izquierdista defensor de la tauromaquia: la condición humana da para todo.

Alfredo Molano, a quien no conozco, es una de dos personas de las que me gustaría recibir clases de historia de Colombia, siendo el otro Antonio Caballero. A veces me aburre su prosa, que me parece lenta y cargada de detalles innecesarios. Me parece posudo y pretencioso y no soporto a sus áulicos, a quienes les encanta referirse a él como “El Maestro Alfredo Molano” (generalmente así le dicen los mamertos viejos) o como “Alfredo” (generalmente así le dicen los mamertos jóvenes) Todo y eso, lo busco para leerlo, porque me parece una persona comprometida con la defensa de los intereses públicos, y de los derechos de los oprimidos.

Hoy me quiero referir a él porque su última columna me parece una demostración de argumentación deshonesta y amañada, que es un riesgo del que nadie está exento, menos los que nos arriesgamos a escribir. Molano afirma que “En la polémica sobre los toros ha ido sacando la cabeza una dicotomía que parecía enterrada: civilización versus barbarie” para a continuación asociar los ataques a la tauromaquia con el bando de los civilizadores.

Aquí empieza lo deshonesto del argumento de Molano: empieza a asociarle a los “civilizadores” varias empresas ignominiosas cometidas por la derecha y el conservatismo en el mundo, es decir, por los defensores a ultranza de los poderosos: menciona en su columna  el colonialismo británico en áfrica, el estadounidense en Japón, y nada más y nada menos que la barbarie franquista en Guernica.

Entonces, esos mechudos advenedizos e infantiles, esos muchachos que están protestando contra la tauromaquia, las asociaciones defensoras de animales, otros vaciados y yo, esos somos los civilizadores. Como es bien sabido, nuestros métodos de civilizar son atroces: “la conquista y el arrasamiento”, dice Molano. Esos es porque a nosotros, dice Molano ridiculizándonos, los “fieles guerreros del progreso”, que no pecamos y somos impolutos, nos gusta la muerte, pero preferiblemente, a puerta cerrada. Si, a nosotros, sorpréndase usted, nos gustan las cositas de la civilización: la cámara de gas, la silla eléctrica, en fin, el top of mind de cuando uno oye la palabra “civilización”. En eso el “Maestro Alfredo Molano” es inmensamente deshonesto. El sabe bien quiénes somos los que nos oponemos a las corridas. Sabe bien que no somos los grupos de poder que han cometido abusos y crímenes contra la humanidad. Somos un grupo diverso de personas que creo, todas coincidimos en que, en la tauromaquia, el toro está en una situación de opresión inmoral y desproporcionada, y así aceptácemos que fuera arte, el sacrificio ritual del toro es cruel, y sobre todo innecesario, como lo comentaba en mi entrada anterior.

Cree Molano que la razón de nuestra oposición es que nos incomoda, a nosotros los poderosos, la muerte de ese animal porque es pública. Y no, no es por eso. Es simplemente, porque es innecesaria. La Tauromaquia sirve pare la entretención de  un grupo de gente tan poderoso, tan poderoso, que aunque contra la oposición de muchos, logra mantener esta costumbre bárbara. Tan poderoso, que logran que Molano les sirva de idiota útil.

Molano,  que ahora que se juega la carta del pobre viejito indefenso ante la falange civilizadora, y que siempre nada contra la corriente, no sé que tipo de contradictores tenga o hay escogido, que lo quieren llevar a la hoguera. Ciertamente yo no, ni muchos. Lo que yo quisiera es que la tauromaquia se prohibiera, para que los domingos Molano dejara de compartir fiesta con tanta gente que critica en la Santa María, y pusiera sus oficios a una causa más útil que su egoísta satisfacción. Bueno, y sobre todo, para que no se maten animales de forma cruel en público, o en privado,  por las razones que sea.

Ahora que por oponerme a la tauromaquia veo estoy en uno y el mismo bando que los franquistas y otros asesinos derechistas delirantes, le hallo sí, la razón en una cosa a “Alfredo”, cundo al inicio de su columa dice sobre la tauromaquia que “No pasa día en que no aparezca una columna a favor o en contra y cien reacciones, la mayoría de éstas sangrientas.”

Mi argumento contra la Tauromaquia

Toros en las cavernas de Lascaux

Voy a escribir una columna esta tarde, me dije el viernes. Después de horas buscando un famoso pero elusivo audio de Hora Veinte en el que estaban en tertulia Fernando Vallejo y Antonio Caballero, supe que ese viernes ya no iba a ser. Hoy, dos días después continúo. No lo encontré, pero entre las múltiples entrevistas y audios de que revisé, di con una en particular que me llamó mucho la atención. La entrevista es de 1994, 13 años anterior a la obra con la que conocí a Vallejo -La Puta de Babilonia- libro que recomiendo ampliamente, y con el cual empezó mi fascinación con este autor.

La entrevista muestra un ser humano diferente esa imagen simplificada que se ha hecho de Vallejo en los medios de comunicación en Colombia en la última década quizá. Dura 20 minutos para quienes les interese verla toda. El inicio es conmovedor, y lo que ocurre desde el minuto 18 es lo que me hace traerla a colación porque toca el tema de esta columna, que son los toros.

Mi argumento contra la tauromaquia es humanitario, a falta de una mejor palabra. Como Vallejo, yo reconozco en los animales a una especie de prójimos, en una grave situación de indefensión. Mi historia comienza por Martina, una perrita labrador negra que me hizo empatizar con los animales, y entender de manera evidente, que son seres sensibles e inteligentes, que buscan el bienestar y huyen del dolor, igual que los seres humanos no chiflados. Viví con ella cuatro años y me trasformé de ser ese que no entendía porqué en la película el niño se devuelve salvar al perro en la casa en llamas, a volverme el niño que se hubiera devuelto a salvar a su perro. Los que hayan tenido perros y los hayan querido, saben de la clase de amor de la que hablo.

Los Toros, y muchos otros animales domésticos no son muy distintos de los perros, en cuanto a sensibilidad e inteligencia. Yo conozco al menos dos historias asombrosas sobre Toros. Una es la de un conocido que pasó su niñez en el campo, y entre los animales de la granja había un toro, que se había vuelto una especie de mascota, siempre en busca de cariño de los de la casa. El toro tenía un interés inusitado por cierta novela, que religiosamente iba a ver, asomando su descomunal cabeza por la ventana de la sala, todas las tardes. No es único el caso. Recientemente vi un par de videos (primero, segundo) con un par de Toros criados con cariño por sendas familias, que se comportaban como se comportan los animales domesticados tratados con cariño: con cariño hacia quienes los acogen. No podría enfatizar lo suficiente la diferencia entre que sea un animal domesticado a uno que no lo es, como en el aparentemente más humano caso de los chimpancés, que tan horriblemente han desfigurado o asesinado a quienes cometieron el grave error de ignorar el efecto de miles de años de selección artificial de animales mejor adaptados a la convivencia con humanos.

A los animales les gusta lo que a todos nos gusta: el amor. De cualquier manera. Yo encuentro la tauromaquia en nada amorosa, salvo por el amor desmedido de los artistas hacia sí mismos. El toro por su lado, no quiere estar ahí. Ni se siente amado, que creo que es lo único que puede sentir por ausencia o defecto. No creo que tenga conflictos existenciales, como si ese es o no es su destino, porque la idea de que el destino de los Toros de lidia es la muerte gloriosa en la arena, es una imposición abusiva de los humanos a los toros, que si pudieran decidir su destino, creo que se dedicarían a fecundar todas las vacas que pudieran durante el mayor tiempo posible, como le es tan propio a los animales.  El cuento de la muerta gloriosa y poética, además de ser profundamente cursi  -lo cual es un defecto-  ha llegado al extremo de querer racionalizar la existencia de los toros con unos argumentos ecológicos que son simplemente penosos. ¿Qué entonces se extinguirá la especie? ¿Cuál especie? El toro de lidia, Bos Taurus, es tan especie como especie son los perros tacitas de té. Los toros de lidia pueden tener descendencia con cualquier vaca. No hay vacas de lidia que sólo puedan tener descendencia con toros de lidia, o que les nazcan híbridos estériles como salen de esas si, dos especies diferentes: burros y caballos.  Los Toros de lidia, como los perros tacita de té, son resultados crueles de la vanidad humana. Razas, que no especies, que no deberían existir para poder tener perros en apartamentos pequeños, o para celebrar un espectáculo que, que pena, pero es bárbaro. La razón es muy sencilla: hay un sacrificio ritual involucrado. Además de todo, público. Y no hay práctica cultural humana en la que haya sacrificios rituales que no sea bárbara, y que por lo tanto, debiera ser proscrita.

Claro, depende de a quién le guste. Esa es la ventaja injusta de la que goza la tauromaquia. Que es un capricho de gente con poder, y de un grupúsculo de burgueses venidos a más –o a menos- porque entienden los misterios que nos están vedados a los menos sensibles (quiero decir en realidad, menos consentidos e inmorales). Los caprichos crueles de gente sin poder, como peleas de perros y gallos fueron proscritos sin discusiones, como debiera ser con la Tauromaquia, pero miren quiénes van a los toros. Tanto recurso intelectual desperdiciado en justificaciones bobas que se pueden calcar para los sacrificios rituales aztecas o para las luchas de gladiadores. Que la metáfora sobre la vida y la muerte. Encuentro amargamente risible que en este país, precisamente en este país hiperviolento y asesino, haya necesidad alguna de metáforas sobre la vida y la muerte. En serio ¿se necesita otra metáfora sobre la muerte en el país de los falsos positivos y los paramilitares? Además, ¿Cuál es la metáfora? Ah ya sé: que mientras usted no tenga poder, se le puede matar con impunidad. Muy colombiano. Haga de cuenta, el toro es un campesino. Si, viéndolo bien, si, es bastante metafórico.

La Tauromaquia es un capricho de gente con poder, que no va aceptar imposiciones de mechudos advenedizos, mucho menos prohibiciones. Porque ahí está el grupito al que nadie le puede prohibir nada, desviando la discusión del terreno de la bioética, a donde pertenece creo yo, y pidiendo coherencia a los que nos oponemos al dantesco espectáculo, como si lo importante fuera ser coherente en la iniquidad e incoherente en la virtud.

A propósito, por las mismas razones que me opongo a la tauromaquia, estoy comprometido seriamente con el vegetarianismo hace dos años. No por salud, ni por supersticiones de ningún tipo. Simplemente, no creo que esté bien matar para comer, en particular vacas, pollos o cerdos, menos sabiendo las condiciones en que malviven, o el impacto ambiental catastrófico de patrocinar un sistema que nos obliga a alimentarnos de animales. Además creo que la ganadería ha destruido la equidad y la generación de alimentos en el campo Colombiano. Y en todo el planeta. No voy a patrocinar empresas inmorales de terratenientes de derecha. Mucho menos de entretenimiento.

Me parece inmoral que haya niños aguantando hambre en el mundo porque los cereales, las leguminosas y el agua del mundo están destinadas a mantener el negocio nefasto de la carne. Soy un consumidor ocasional y vergonzante de  pescado y mariscos. Jamás como atún, porque se va a extinguir y no quiero ser parte de eso. Mis acciones pueden tener poco impacto en la conservación del atún, pero no por eso me voy a dejar de oponer a la sobrepesca. Es igual que los toros, cuestión de principios. Quiero hacer de mi consumo de comida algo saludable, pero sobre todo responsable, por hermandad con el prójimo. Por eso quiero que mi consumo de alimento tenga el menor impacto ambiental posible.

Si a usted no le gustan los toros por razón de amor o empatía con otras formas de vida que tienen la desgracia de vivir en el mismo planeta con esta especie nuestra, que ha fracasado en todos sus sueños y triunfado en todas su pesadillas, lo invito a reducir su consumo de carne al mínimo, y en todo lo posible, a dejarla por completo. Es fácil cosificar a los animales, pensando que las vacas son filetes, o que hay algo decente o divertido en comerse una rellena, poniendo de forma egoísta unos placeres sensuales tan menores y tan prescindibles, por sobre la vida de un ser inteligente y sensible como una vaca o un cerdo. Adopte un perro, a mí, me cambió la vida. Emancípese del lenguaje que le hace creer que la carne madura, como si fuera fruta, cuando no hace nada distinto a podrirse una vez se vuelve la carroña que tan cara nos venden en los supermercados. Trate de dejar de pensar, así sea por un ratico, sólo en usted, en sus gustos y en sus dramas. Piénselo un poquito y verá que se va a dar cuenta que en este amplio mundo, hay otras cosas importantes. Otras personas, otros seres vivos. Y si a usted le gustan los toros, piénselo también. Los sacrificios rituales en mi concepto, cruzan la línea del respeto por la vida. Yo aspiraría a que este respecto fuera de un carácter más universal, máxime en casos tan evidentes como los de los animales domésticos.

Ranking de colegios: comparaciones simplistas

No, no es que me parezca que el examen del ICFES sea una herramienta inadecuada para comparar colegios por que deja por fuera otras muchas cosas que hacen los colegios. Es que el examen no es para eso. El examen verifica la presencia y grado de desarrollo de unas competencias importantes a desarrollar en la escuela y que correlacionan con el éxito académico en la educación superior, que claro no es todo en la vida, pero sin el cual en cambio, si se pierde mucho. El asunto que quiero tratar no es si el ICFES sirve para comparar colegios, porque creo que si es muy bueno para ese fin, sino de cómo hacer un uso adecuado de esos resultados para hacer comparaciones. Quiero ilustrarlo con un análisis del listado de mejores colegios de la revista Dinero de este año, y con una caso particular que es el siguiente: un colegio gradúa un (1) estudiante con un muy buen ICFES.  Otro colegio gradúa 138 estudiantes, y logra que el promedio de los puntajes del ICFES de toda, toda su cohorte, sea 0,9 puntos inferior al del colegio de la promoción unitaria. ¿A cuál colegio le fue mejor en el ICFES?
Yo diría, y creo no estaría solo, que le fue mejor al de 138 estudiantes. Las razones, bueno, la primera, es que la diferencia entre… no, no no un momento: ¿en serio, se necesita explicar porqué es más meritorio obtener resultados académicos superiores con 138 personas que con una? En este colegio de 138 estudiantes podría haber 50 estudiantes  con un ICFES igual o superior al que se sacó el muchacho de este colegio que tiene en último grado al mismo candidato para el equipo de tenis y de ajedrez.  Es mejor en el ICFES el colegio de los 138 que el de uno. Creo que este es un hecho evidente y sencillo.
Este hecho evidente y sencillo no se ve reflejado en la entrega de este año del ranking que todos los años publica la revista Dinero. Y no creo que sea la primera vez que ocurre algo similar. La entrega del listado de colegios es un número especial de la revista, es la noticia de carátula. Es el catálogo como el que muchos colegios se comparan y escogen. El listado lo leen profesores, padres de familia y desde luego los estudiantes de los colegios. Es información que la revista decide entregar al público y debe asumir responsabilidad por ella. (Ver listado completo aquí) Sobre todo porque es información comparativa. Está diciendo a viva voz y con nombre propio que A es mejor que B. No es algo simple.
Algo que si es simple en cambio, es la forma como Dinero rankea a los colegios. La simpleza es literal:

“La posición de cada colegio se estableció con base en un promedio simple de los resultados que estos obtuvieron en las ocho áreas evaluadas (matemáticas, química, física, biología, filosofía, inglés, lenguaje, ciencias sociales)”

El subrayado es mío. Los resultados del ICFES van mucho más allá del promedio simple de las áreas. Este enfoque, simplista, desconoce  varias otras cosas: el desempeño por componentes en las disciplinas, el nivel de competencia evidenciado por el estudiante y sus resultados en las profundizaciones y prueba interdisciplinar,  por decir algo.
 Si uno mira el instructivo de interpretación de resultados que aparece en la página del ICFES, actividad que recomiendo altamente a Dinero, uno se da cuenta que la variable que resume de manera más global y acertada todas las complejidades del examen es el puesto que se le asigna al estudiante (página 57 de la guía). El puesto es una medida de qué tan arriba o abajo está comparativamente el resultado individual de cada estudiante en una asignación que va del puesto uno al mil. Para el caso, el puesto uno está por encima del 99,9 de los puntajes obtenidos. Este puesto lo comparte cierto número de personas; no es exclusivo. Otros estudiantes pueden haberse sacado ese mismo puesto, pero son muy pocos. Los puestos del 1 al 100 corresponden al 10% superior de los resultados obtenidos por todos quienes tomaron la prueba en un año dado. A medida que el puesto es más grande los resultados son comparativamente peores: sacarse el puesto 576 es muy malo por ejemplo. El ICFES sabe, o debería saber, cuántos estudiantes hay en cada puesto.


Una medida justa de los resultados del ICFES de un colegio debería tener en cuenta dos cosas. La primera, cuantos estudiantes lograron qué puestos. Esta información ponderada de un manera sencilla le puede dar un puntaje único a cada colegio. La segunda cosa que podría debería tener en cuenta una medida justa de los resultados es alguna medida de la dispersión de los puntajes, por ejemplo, ahí si, la desviación estándar de los promedios globales entre estudiantes o por áreas. es. Entre menos dispersos los resultados de estudiantes, mejor. Entre más parejas las áreas, más “integral” el proceso educativo, a menos en lo académico. Así se podría hacer un reconocimiento justo a instituciones educativas que logran excelentes resultados con grandes números de estudiantes, y se evita publicar en un medio de difusión nacional algo tan contraevidente como que un colegio de uno o dos estudiantes es mejor en resultados ICFES que que uno que gradúa 98 o 130 estudiantes con ICFES excelentes. No encuentro una justificación razonable para ignorar el número de estudiantes que cada colegio gradúa. No es una información que simplemente se pueda ignorar. Un colegio que logra altos niveles de aprendizaje en todos sus estudiantes es un colegio más equitativo que otro que sólo logra unos cuantos buenos puntajes, o sólo en algunas áreas.
La injustica inherente a un análisis simplista de la información afecta a los punteros y a los coleros, y como siempre, peor a los de abajo. Por ejemplo, yo no veo la necesidad o el sentido de informar a los padres y madres de 38 bachilleres de dos colegios de sordos en Bogotá, que sus muchachos obtuvieron virtualmente los peores resultados del ICFES en Colombia, con los lugares  12.270 y 12.271. En el municipio de Barranco de Loba,  en el departamento de Bolívar hay un colegio con un solo muchacho o muchacha que está en el puesto inmediatamente anterior al de los niños sordos, a tan sólo cuatro puestos de tener los peores resultados del ICFES en Colombia, con un promedio de áreas de 30.38 (sobre 100). Un puntaje que en mucho debe relacionarse, me aventuro a decir, con vivir en un sitio que se llama Barranco de Loba, y también con sacar 13 puntos, el menor puntaje nacional, en la prueba de física ¿Habrá contestado algo? ¿Que validez tiene ese resultado?
Hay otras situaciones realmente preocupantes que merecen ser visibilizadas: Hay seis colegios que gradúan cada uno al año  más de 500 estudiantes. Conjuntamente más de 4.300. De estas seis factorías masivas de bachilleres, ninguna está entre los primeros 1.000 puestos del listado de Dinero, pero en cambio tres de ellas, con más de 2.000 estudiantes, están por debajo del puesto cinco mil (5.000). Y cuatro son públicas. Un colegio con 500 personas en 11 puede tener fácilmente 4000 estudiantes. 4000 estudiantes no alcanza a haber en muchos pueblos de Colombia. La magnitud del impacto que estas instituciones están teniendo en sus comunidades es gigantesco. Valdría la pena mirar qué pasa ahí, para empezar.
 Encuentro muy interesante el rumbo más investigativo que ha tomado Dinero últimamente, pero también me parece muy decepcionante el tratamiento simplista de esta información de puntajes del ICFES. Hay muchas cosas de mayor utilidad pública que se podrían decir a partir de un análisis juicioso de los resultados del ICFES. Cosas más interesantes que “Crece la ventaja del calendario B sobre el A y se consolida el reinado de Bogotá”, que es un cliché sobre la situación de la educación en Colombia. Mejor algo tomado de la misma nota y que me parece mucho más actual y acertado:

“Quienes creen que el problema más grave de la educación en Colombia está en las universidades, están buscando el ahogado río arriba. Los resultados de las pruebas Icfes presentadas por los bachilleres muestran un estancamiento de la calidad y un claro sesgo en contra de los colegios públicos y las regiones más pobres. Quizás no son los estudiantes universitarios quienes deberían estar protestando en la calle, sino los padres de familia cuyos hijos cursan primaria o bachillerato”

Ojalá los mismos estándares rigurosos de análisis de información que ha mostrado Dinero en otras áreas se vieran también en temas educativos, tan importantes pero tan secundarios en los medios.

La victoria de Petro y el talante de El Tiempo, o porqué El Tiempo es tan malo, parte VI

Gustavo Petro Alcalde en El Espectador.com

Cuando empezó la campaña por la alcaldía de Bogotá, y bueno, mucho antes, sabía que el Polo no iba a repetir. Entre los efectos nefastos de la alcaldía de Samuel Moreno uno que particularmente me dolía, era la derrota de la izquierda en Bogotá, que como símbolo político es tan importante. Perder Bogotá para la izquierda, me parecía nefasto, no sólo por lo que significa para mí ser de izquierda,  (prueba sencilla para saber si usted es de izquierda o no en esta columna), sino porque perder Bogotá es más o menos perder todo. No veía cómo la izquierda podría triunfar en Bogotá, y la única otra esperanza estaba en el partido liberal, y en David Luna.  Luna batió en franca lid a Carlos Eduardo Guevara Villabon (no, no es un nombre inventado), derrota que por transitividad debemos atribuirle sin matices a Rafael Pardo, así como el desastre de Samuel y del Polo en Bogotá, sin matices debe atribuírsele a Carlos Gaviria.

Y cuando Petro empezó con su campaña, yo vi el panorama muy difícil. Difícil porque me suponía que iba a haber un justo castigo a cualquier cosa que oliera a Polo, y Petro bueno, es un fundador de ese partido. Así lo hayan expulsado, así él los haya denunciado, y así él haya dicho de todas las formas y en todos los tonos el desastre que ha sido el Polo y de su relación con ellos (ver entrevista), mucha gente no le cree. No le cree porque, en honor al descubrimiento del agua tibia, yo he dado otra evidencia innecesaria de que, finalmente, la gente cree lo que se le da la gana,  no importan razones en muchos casos. La vi muy difícil para la izquierda porque Petro tiene una imagen negativa muy alta, porque iba con Peñalosa en contra, aunque este fuera tan mal, y porque hubo tanto apoyo mediático a esa alianza circense de Mockus con Parodi.

Bogotá es una plaza significativa electoralmente en Colombia. Y la ganó otra vez, y en circunstancias muy difíciles un candidato que así Antonio Caballero diga y rediga que no, con tanta rabia – tampoco hay que creerle todo a Caballero- es de izquierda.  Y ganó Petro. Para mí este hecho es indiscutiblemente la noticia política en Colombia. Además por su pasado insurgente. Qué tipo de cosa descerebrada y extraterrestre hay que ser en el mundo para no reconocer que esta es la noticia política en Colombia. Es un hecho obvio, en serio. Ah ya sé: se me ocurre el último corresponsal de las propagandas de Davivienda, ese que, como era extranjero, no podía entender expresiones que utilizaban lenguaje figurado, expresiones que existen, me aventuro a decir, en el 100% de las culturas y lenguajes humanos.  Es que a los extranjeros si que les pasan cosas chistosas en este país  tan único y tan especial que es Colombia: Colombia, el país en donde existe el lenguaje figurado. El riesgo, el riesgo es que te quieras quedar. Eeen fin,  ¿quién o qué hay que ser para minimizar la noticia política del día en Colombia? ¿Quién o qué hay que ser para ignorar al protagonista del hecho político en Colombia?

El Tiempo. O con más precisión, eltiempo.com, pero, es lo mismo. Le he dado recargar varias veces a mi navegador pero me sigue apareciendo en portada lo mismo: un titular que dice “Los grandes triunfadores de esta jornada electoral” y luego esta foto:

Noticia según El Tiempo: que cinco personas por ahí ganaron unas alcaldías.

En la que aparecen, entre nombres de tan alta recordación – en mi orden de recordación creciente y sin la ciudad, a ver quién adivina-: Rodrigo Guerrero, Elsa Margarita Noguera, Aníbal Gaviria y Campo Elías Teherán Dix. No soy dado a transcribir más del 10% de una noticia cualquiera, pero en este caso me voy a permitir transcribir el 100% de lo escrito por El Tiempo con respecto a Petro en esta nota:

“En el caso de Bogotá, Gustavo Petro, ex militante del Polo Democrático y desmovilizado del M-19, fue el vencedor en un hecho que significa la continuidad de la izquierda en el segundo cargo del país. (Vea acá infografía de los resultados en las alcaldías).

Petro, quien se presentó por el movimiento progresistas, se impuso gracias a la división de los votos del centro y de la derecha, y con un discurso de lucha anticorrupción y promesas de humanizar la vida en Bogotá. (Peñalosa reconoce su derrota y felicita a Petro).”

Estas son 90 palabras de las 430 de la nota, es decir, una quinta parte aproximadamente. De una quinta también es la parte de la foto que le toca a Petro. Y de una quinta categoría, me parece a mi,  es el tratamiento noticioso a ese man, como es que se llama, ese, ese,  el que ganó la alcaldía de Bogotá, ah si, Petro.  Muestra el talante ladino de El Tiempo por varias razones. Una, porque es que el señor se ganó la alcaldía de Bogotá, cuya importancia no podría recalcar lo suficiente. Dos porque es él quien la gana, y gústele a uno Petro o no, esto es sorprendente en un país en dónde hace no mucho el entonces presidente lo llamaba guerrillero vestido de civil y un man del partido que el fundó destruyo a Bogotá, física y espiritualmente. Y tres porque de esas miserables 90 palabras que El Tiempo le dedica a la noticia política del momento, primero de entrada lo define como un desmovilizado, y luego gasta 55 palabras explicando que si Petro ganó fue por la división del centro y la derecha, que igual, siendo un hecho cierto, explica hechos políticamente secundarios: ¿Que perdió Peñalosa? ¿Que perdió Mockus? ¿Que perdió Parodi?  ¡ Por favor! Olvidan los de El Tiempo reseñar además el detalle de que Petro podría tener la mayoría en el concejo.

El Tiempo puede ejercer su legítimo derecho de repudiar a Petro. Pero todo lo aquí narrado presagia que será difícil encontrar información confiable sobre la gestión de Petro en ese medio. Bueno, nada que sorprenda (ver la serie “Porqué El Tiempo es tan malo I, II, III, IV y V).  No sobraba advertir. ¿Y qué cómo se podía hacer? Vean El Espectador o Semana.

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